19 de septiembre de 2026 - 10:35

En 2001 Gran Bretaña plantó árboles en antiguas tierras de cultivo: 25 años después, los científicos encontraron algo inesperado bajo el suelo

Un monitoreo de 2001 a 2024 halló que el suelo reforestado conserva alto fósforo y bajo carbono respecto a los bosques antiguos.

Un estudio ecológico de 25 años en Gran Bretaña reveló que sembrar árboles en antiguas tierras agrícolas no basta para recrear un bosque maduro. Aunque los árboles crecen con éxito, la química del suelo, la vegetación baja y las comunidades de hongos mantienen la huella de la agricultura durante décadas.

La investigación, titulada "Temporal insights into afforestation: A 25-year study of woodland expansion", comparó un terreno de cultivo reforestado con un bosque antiguo no alterado mediante registros recopilados entre 2001 y 2024. Tras analizar muestras recolectadas en 2024, los científicos constataron que el ecosistema subterráneo evoluciona a un ritmo mucho más lento que el crecimiento del follaje.

Las diferencias químicas del suelo y el impacto del cultivo previo

Los análisis del sustrato mostraron diferencias contundentes entre ambos terrenos. El nuevo bosque presentó un pH más elevado y mayor disponibilidad de fósforo, pero niveles sustancialmente menores de carbono total y nitrógeno total que el bosque ancestral. Esta alteración en la proporción de carbono y nitrógeno condicionó directamente la diversidad vegetal del lugar.

Las comunidades de plantas tampoco lograron equipararse tras un cuarto de siglo. La aparición de especies florísticas nativas dependió de la luz y de la cercanía geográfica con bosques antiguos, cuya proximidad facilita la dispersión biológica. Asimismo, los hongos ectomicorrízicos asociados a las raíces de los árboles mantuvieron estructuras marcadamente diferentes en el terreno cultivado.

Qué recomiendan los científicos para futuras reforestaciones

Por último, hay que decir que los científicos enfatizan que estos resultados no significan un fracaso de la reforestación, sino que confirman que los componentes de un ecosistema recuperan su equilibrio a diferentes velocidades. Para futuros proyectos, recomiendan planificar la siembra cerca de reservas forestales maduras e integrar el historial químico del suelo en la evaluación de resultados.

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