Las emblemáticas cabinas telefónicas rojas de Gran Bretaña encontraron un nuevo propósito social en lugar de ser desmanteladas. A través de una iniciativa de la empresa BT, comunidades locales y municipios compraron más de 7.000 estructuras por el valor simbólico de una libra para adaptarlas como desfibriladores de emergencia, galerías de arte y pequeñas bibliotecas.
El programa denominado "Adopt a Kiosk" fue lanzado en 2008 por la compañía BT para evitar la remoción masiva de las icónicas casetas rojas tras la expansión de los teléfonos móviles. La iniciativa permitió que concejos de pueblos, parroquias, juntas comunitarias y organizaciones benéficas registradas adquieran las cabinas en desuso por el pago de solo una libra. Antes de la entrega física de la carcasa, la empresa desinstala e invalida por completo el equipamiento interno de telecomunicaciones.
¿En qué se convirtieron las cabinas rojas compradas por 1 libra?
La adaptación más relevante por su impacto social fue la conversión en estaciones con desfibriladores de acceso público. Debido a su formato cerrado, protegido y a su ubicación altamente visible en calles céntricas y áreas rurales, las casetas resultan ideales para alojar equipos médicos de emergencia frente a paros cardíacos. Asimismo, diversos municipios transformaron las estructuras en pequeños puntos de intercambio de libros, cafeterías y galerías de arte locales.
Pese a la masiva reconversión comunitaria, la caída en el uso ordinario no significó la obsolescencia total de la red de telefonía pública. Datos del organismo regulador Ofcom revelaron que desde las cabinas británicas aún se realizan aproximadamente 5 millones de llamadas anuales. De ese total, cerca de 150.000 llamadas se dirigen a servicios de emergencia, 25.000 a la línea de ayuda infantil Childline y 20.000 a la entidad de apoyo emocional Samaritans.
¿Por qué Ofcom protege a los teléfonos públicos británicos?
Frente a este panorama, Ofcom implementó normativas de protección en junio de 2022 para impedir el desmantelamiento de casetas esenciales en comunidades vulnerables. Un teléfono público no puede ser retirado si la zona carece de cobertura de las cuatro empresas móviles, si registró al menos 52 llamadas en los últimos doce meses o si está ubicado en sectores con alta frecuencia de accidentes.
El legado arquitectónico de estos habitáculos se remonta al diseño del modelo K2 creado por Giles Gilbert Scott en 1924 y al posterior modelo K6, del cual se instalaron unas 60.000 unidades. Con más de 7.200 casetas adoptadas por pueblos de todo el país y cerca de 20.000 teléfonos públicos todavía en funcionamiento, la red histórica continúa adaptándose como infraestructura cívica.