En 1978, el Departamento de Recursos Naturales de Yarmouth y la División de Pesca Marina de Massachusetts, en Estados Unidos, lanzaron 1.500 neumáticos rellenados con concreto al fondo del océano. El objetivo era transformar un lecho de arena plano en una estructura capaz de albergar peces, langostas y otras especies marinas a dos millas del río Bass.
En 1994 se sumaron otros 1.000 módulos, consolidando un conjunto de 2.500 unidades atadas en fajos sobre el lecho marino de Nantucket Sound. Cuatro décadas más tarde, el proyecto demostró que la adición de relieve rígido puede transformar un desierto submarino en un foco biológico estable.
¿Cómo el relieve rígido convierte un desierto submarino en refugio de peces?
La razón técnica de este fenómeno reside en la física del fondo marino. Un suelo predominantemente arenoso no ofrece protección frente a depredadores ni superficies para la fijación de especies pequeñas. Al introducir estructuras elevadas con concreto, se generan bordes, hendiduras y zonas de sombra que permiten la circulación segura y el asentamiento de fauna marina.
Mediciones submarinas realizadas en 2019 confirmaron la efectividad del mecanismo. Al comparar áreas con arrecife frente a zonas de arena abierta, los peces aparecieron ante las cámaras en un promedio de 33 segundos en el sector estructurado, mientras que en el fondo plano tardaron 502 segundos. Entre la fauna observada se registraron lubinas negras, lenguados, mejillones y langostas.
¿Qué diferencia hay entre un arrecife artificial exitoso y un desastre ecológico?
A pesar del éxito alcanzado cerca de Yarmouth, los científicos aclaran que los arrecifes artificiales exigen planificación y monitoreo constante para evitar desastres ecológicos. En otras regiones del planeta, iniciativas similares fracasaron cuando las ruedas mal sujetas se desprendieron, destruyendo hábitats naturales y generando contaminación costera difícil de remover.
Los relevamientos con sonar ejecutados entre 2009 y 2010 constataron que los módulos de hormigón permanecieron fijos dentro del área autorizada. La experiencia demuestra que la chatarra solo se convierte en refugio biológico cuando existen estudios previos de estabilidad, licencias ambientales y una evaluación rigurosa de riesgos.