El pasado miércoles ocurrió una tragedia sísmica de Venezuela, en donde en apenas 39 segundos, dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron el norte del país, ensañándose con especial ferocidad en el estado La Guaira.
Imágenes revelan el antes y el después, donde complejos residenciales y zonas industriales han quedado reducidos a montañas de escombros.
El pasado miércoles ocurrió una tragedia sísmica de Venezuela, en donde en apenas 39 segundos, dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron el norte del país, ensañándose con especial ferocidad en el estado La Guaira.
Antes del desastre, La Guaira se caracterizaba por ser una estrecha franja de tierra con una altísima densidad poblacional y actividad económica. La comparación de las tomas desde el cielo captadas tras los sismos muestra una realidad desgarradora.
Donde antes se erigían bloques residenciales, hoy existen montones de concreto, losas expuestas y tuberías rotas. En sectores como Caraballeda y Playa Grande, la infraestructura perdida asciende a unos 250 edificios colapsados o con daños estructurales severos.
La zona industrial no corrió mejor suerte. Las bodegas y almacenes aparecen ahora como estructuras deformadas o arrasadas. La Avenida La Playa, antes llena de vida, muestra rastros de incendios y está cubierta por escombros esparcidos.
El impacto fue tal que el Aeropuerto Internacional de Maiquetía debió ser cerrado por daños graves y el estadio de béisbol Jorge Luis García Carneiro tuvo que ser habilitado como refugio temporal para los miles de damnificados.
En localidades como Catia La Mar, la ciudad más poblada del estado, y Playa Grande lucían complejos de apartamentos de gran altura, hoteles y resorts que servían tanto a residentes como a turistas provenientes de Caracas. Esa zona quedó totalmente desvastada.
En las imágenes captadas semanas antes del sismo, se apreciaba una infraestructura vibrante: una zona industrial activa, puertos deportivos con embarcaciones amarradas y la Avenida La Playa funcionando como la principal arteria de comunicación costera. Este estado concentra una parte sustancial de la actividad portuaria nacional, siendo vital para las importaciones que ingresan al país.
Para los habitantes de La Guaira, este desastre evoca inevitablemente la Tragedia de Vargas de 1999. Aunque la naturaleza del evento es distinta, en aquel entonces fueron aludes de lodo y ahora es un colapso estructural masivo, el sentimiento de desolación es similar.
El balance oficial de las autoridades reporta 920 fallecidos, 3.360 heridos y más de 50.000 desaparecidos, aunque otras fuentes legislativas sugieren que la cifra de víctimas fatales podría ser significativamente mayor.
Actualmente, equipos de rescate de al menos 17 países trabajan contra el reloj buscando sobrevivientes bajo las ruinas, en una región que ha sido oficialmente declarada como zona de desastre.