Joe Davis supervisaba el drenaje rutinario de una laguna en la reserva natural Rutland Water cuando notó algo extraño emergiendo del lodo. Lo que inicialmente parecían simples piedras resultaron ser las vértebras de un ictiosaurio de diez metros de largo. El espécimen tiene 180 millones de años.
El hallazgo ocurrió en febrero de 2021 durante trabajos de mantenimiento. A medida que el nivel del agua bajaba, el esqueleto masivo apareció casi intacto bajo la superficie. Especialistas confirmaron que se trataba de un "dragón marino" cuyo cráneo pesa aproximadamente una tonelada y mide un metro de ancho. Este depredador dominó los mares del Jurásico con sus dientes afilados para cazar peces y calamares.
El primer Temnodontosaurus trigonodon fuera de territorio alemán
Los análisis preliminares indican que el esqueleto pertenece a la especie Temnodontosaurus trigonodon. Hasta este descubrimiento, este gigante era conocido principalmente por hallazgos realizados en Alemania. Su presencia en suelo inglés ofrece evidencia nueva sobre cómo estos superdepredadores se distribuían por el ecosistema marino de Europa hace 180 millones de años.
Paleontólogos dedicaron meses a documentar la posición exacta de cada hueso. Utilizaron miles de fotografías para crear un modelo digital tridimensional antes de proceder al traslado del fósil. Gran parte de la columna vertebral permaneció unida, y se conservaron en alto detalle tanto las aletas como la mandíbula inferior.
Híbrido entre delfín y cocodrilo
A pesar de su apodo popular, este animal no era un dinosaurio. Los ictiosaurios fueron reptiles marinos que evolucionaron exclusivamente para la vida en el agua, con una morfología similar a un híbrido entre un delfín y un cocodrilo. Poseían ojos masivos, de los más grandes registrados en vertebrados, para detectar presas en las profundidades oscuras.
El sitio donde yacía el fósil, Rutland Water, se encuentra hoy lejos de la costa. Sin embargo, durante el Jurásico, toda la región era un mar cálido y poco profundo. El animal murió y se hundió hasta el fondo, donde los sedimentos lo cubrieron con rapidez, permitiendo su preservación durante millones de años. El descubrimiento fortuito ha permitido recuperar el ictiosaurio más grande y mejor conservado del Reino Unido.