Un video de un arresto generó una profunda polémica y mostró la negligencia de la policía en Reino Unido, al mostrar los últimos momentos con vida de un estudiante de 18 años identificado como Henry Nowak mientras era detenido.
Un estudiante de 18 años falleció en Southampton luego de que la policía creyera el relato del agresor y lo esposara mientras se desangraba.
Un video de un arresto generó una profunda polémica y mostró la negligencia de la policía en Reino Unido, al mostrar los últimos momentos con vida de un estudiante de 18 años identificado como Henry Nowak mientras era detenido.
El hecho ocurrió a fines de 2025 en Southampton, cuando Nowak tuvo una pelea con Vickrum Digwa, un joven de origen sij de 23 años. Allí Digwa apuñaló a Nowak con un cuchillo de más de 20 centímetros, pero cuando la policía llegó al lugar creyeron el relato del agresor sobre una presunta agresión por racismo, donde le dijo a los agentes que lo habían golpeado, le habían tirado el turbante y luego le dijeron insultos racistas.
Durante la grabación hecha por una de las cámaras de la Policía de Hampshire, se observa cómo el joven es esposado mientras se desangraba en el asfalto. Además las imágenes captan su dificultad para respirar mientras le dice a los agentes que había sido apuñalado por el otro joven.
Pese a esto, la respuesta de uno de los policías en ese contexto dio cuenta de la incredulidad. “No creo que lo estés, amigo”, se escucha que dice uno de los agentes mientras ignoraban las súplicas de la víctima.
Con este testimonio, los policías obligaron a Nowak a levantarse para luego ser esposado bajo acusación de agresión. Cuando el asesino se negó a haberle hecho daño, un policía le contestó: “Ya lo sé, pero tenemos que comprobarlo”. En ese momento le levantaron un poco la remera a la víctima, pero al estar esposado no lograron ver nada.
Tras ello, el video continúa filmando y se nota como el estado físico del joven va empeorando debido a las hemorragias internas, las cuales no eran visibles a primera vista. Luego de unos minutos, perdió el conocimiento y se desplomó en el suelo. Posteriormente, los agentes le realizaron maniobras de reanimación cardiopulmonar, las cuales no tuvieron éxito debido a la gravedad de estado de salud.
El desenlace fatal abrió un intenso debate sobre los protocolos de las fuerzas de seguridad. La obsesión por atender una denuncia racista terminó con una negligencia fatal, al dar credibilidad al testimonio del agresor por pertenecer a una comunidad religiosa.
Después de varios meses de la muerte y de un debate en la opinión pública, el asesino fue condenado a prisión perpetua con un mínimo de 21 años en prisión. Además, su madre también fue condenada por complicidad luego de esconder el arma del crimen.