En un contexto totalmente helado en Siberia, ocurrió un milagro que dejó a los médicos con la boca abierta. Un hombre fue reanimado tras quedarse dormido más de 5 horas a -20°C en un banco de la ciudad de Mirny, en la región de Yakutia, hallado sin pulso ni presión.
Todo ocurrió cuando el hombre, cuya identidad se mantiene reservada, fue visto por unos vecinos y el panorama era realmente desolador. Al llegar la ambulancia, los médicos de emergencia no le encontraron ni pulso ni presión arterial.
En cualquier otra parte del mundo quizás lo hubieran enviado directo a la morgue, pero los doctores rusos, acostumbrados a las condiciones del Ártico, decidieron jugársela con una técnica especial de reanimación.
En lugar de darlo por perdido, lo llevaron de urgencia al hospital. Ahí entró en acción el doctor Dmitry Bosikov, quien lideró un operativo meticuloso de cuatro horas para "descongelar" al paciente de forma gradual. El objetivo era subirle la temperatura corporal, que estaba en apenas 24 °C, hasta llegar a los 34 °C.
Bosikov explicó que no podían apurarse con el calor porque una descongelación brusca podía romperle los vasos sanguíneos más chicos y causarle desde un edema cerebral hasta una insuficiencia renal o un infarto. Por eso, el método se basó en una subida de temperatura muy lenta para no dañar la red microvascular.
Una vez que el paciente llegó a los 34 °C, los médicos empezaron con la artillería pesada: reanimación cardiopulmonar avanzada, ventilación mecánica y medicación para estimular la circulación. Durante 25 minutos de masajes cardíacos y tensión absoluta no hubo respuesta, pero de repente, apareció una leve señal de vida en el monitor y allí confirmaron que el hombre seguía con vida.
Este caso extraordinario, según los especialistas, es una prueba de cómo el frío extremo, en condiciones muy particulares, puede llegar a preservar la vida en lugar de quitarla.