Magnifica humanitas es el título de la primera carta encíclica del papa León XIV, dedicada a “la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”.
En Magnifica humanitas, el Pontífice dejó advertencias sobre el poder, la IA y las guerras. Además pidió perdón por el papel del Vaticano en la legitimación de la esclavitud.
Magnifica humanitas es el título de la primera carta encíclica del papa León XIV, dedicada a “la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”.
El documento, publicado este 25 de mayo, lleva la firma del Pontífice con fecha del 15 de mayo, coincidiendo con el 135º aniversario de la promulgación de la encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII.
En la presentación, celebrada en el Aula del Sínodo del Vaticano, intervinieron el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, y el cardenal Michael Czerny, S.J., prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.
También participaron la profesora Anna Rowlands, teóloga y docente de la Universidad de Durham, en el Reino Unido; Christopher Olah, cofundador de Anthropic (Estados Unidos) y responsable de investigación sobre interpretabilidad de la inteligencia artificial; y la profesora Leocadie Lushombo, i.t., docente de teología política y pensamiento social católico en la Jesuit School of Theology / Santa Clara University, en California.
Los 245 párrafos de la encíclica se estructuran en una introducción y cinco capítulos.
En su primera encíclica, León XIV hizo un llamado tanto a la sociedad como a quienes diseñan las tecnologías de inteligencia artificial (IA) para que se sometan a “restricciones éticas más rigurosas” en el “respeto de la dignidad humana y de la sacralidad de la vida”.
“No podemos considerar a la IA como moralmente neutra”, escribió el Pontífice, quien subrayó que no sólo importa el uso que se hace de estas herramientas, sino también que estén claramente definidas “las responsabilidades”. Es decir, desde quienes diseñan y programan los sistemas hasta quienes los emplean o deciden confiarles decisiones concretas.
El Papa advirtió sobre la cuestión de la propiedad de los datos, que “no puede confiarse sólo al sector privado” ni quedar “vendida o confiada a unos pocos”. En este sentido, pidió una mayor regulación, al tiempo que alerta de que la “IA tiende a aumentar sobre todo el poder de quien ya dispone de recursos económicos, competencias y acceso a los datos”.
La encíclica abordó una amplia gama de cuestiones sociales, con especial atención a los efectos de la inteligencia artificial en ámbitos como la educación, la democracia, la economía, el desempleo, el trabajo, el desarrollo de los jóvenes, la trata de personas y la guerra.
El Pontífice rechazó una visión simplista que enfrente oportunidades y riesgos. En su lugar, ofreció en su lugar una lectura crítica del paradigma tecnológico actual. Frente a ello, reivindicó un progreso que sirva a las personas y a los pueblos, y no uno “que los doblega a lógicas de poder”.
Dijo: “El riesgo no es sólo que algunas tecnologías se usen mal, sino que el paradigma tecnocrático en el que estamos inmersos, potenciado por la revolución digital y la IA, haga parecer justa y normal una visión antihumana, según la cual la plenitud de la vida consistiría en tener más, reducir la fragilidad, eliminar lo imprevisto y controlarlo todo”.
León XIV tomó prestado el concepto de "paradigma tecnocrático" de la encíclica Laudato Si, publicada en 2015 por el papa Francisco. Allí criticaba un sistema "que busca reducirlo todo a un objeto que debe ser dominado".
Para el jefe del Vaticano, la cuestión central es discernir “qué significa custodiar lo humano”, una responsabilidad que compete a toda la sociedad.
El pensamiento de San Agustín, uno de sus referentes espirituales, ocupó un lugar destacado en el texto. León XIV citó De Civitate Dei (La ciudad de Dios): “‘Dos amores han dado origen a dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la celestial”.
A lo largo del documento, el Papa recurrió a imágenes bíblicas para explicar el desafío actual: la humanidad —afirma— debe elegir entre construir la Torre de Babel (Génesis 11, 1-9) o reconstruir una ciudad donde Dios y el hombre puedan convivir, como hizo Nehemías tras el exilio en Babilonia.
“A la luz de estas dos imágenes, el Espíritu Santo hoy nos interpela acerca de nuestra relación con la tecnología y con la revolución digital en curso”, escribe. “La tecnología puede curar, conectar, educar, cuidar la Casa común; pero también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias”.
El Papa denunció así el “síndrome de Babel”, que identifica con “la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias y la pretensión de un lenguaje único —incluso digital— capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos”.
“La humanidad está cayendo en la cultura violenta del poder, donde la paz ya no se presenta como una tarea por asumir, sino como un intervalo precario entre conflictos”, advierte.
Asimismo, pide superar la teoría de la “guerra justa”, subrayando que existen herramientas más eficaces para resolver los conflictos: “el diálogo, la diplomacia y el perdón”.
En otro pasaje, alerta de que “la Babel moderna no es sólo el paradigma tecnocrático globalizado, sino también el enfrentamiento a distancia entre imperialismos contrapuestos”, junto a una creciente carrera tecnológica “según una dinámica deshumanizante que parece no conocer límites”.
En otro pasaje del documento, el Papa asumió la responsabilidad del “retraso” con el que la Iglesia condenó “el flagelo de la esclavitud”, recordando que durante la Antigüedad y la Edad Media “muchas personas e instituciones eclesiásticas tuvieron esclavos”.