Aparcar el coche con las ventanillas ligeramente bajas para combatir el calor puede derivar en una sanción económica en Italia. Las autoridades aplican una multa de al menos 42 euros al considerar que el propietario no asegura correctamente el vehículo contra posibles robos o usos no autorizados por parte de terceros.
El código de circulación italiano establece en su artículo 158, párrafo 4, que todo conductor debe adoptar las medidas necesarias para evitar el robo de su vehículo o que este sea utilizado por personas ajenas. Bajo esta premisa legal, dejar una ventanilla abierta, aunque sea apenas diez centímetros, se interpreta como una negligencia en la custodia del bien.
¿Por qué Italia multa a los conductores por dejar la ventanilla abierta?
Un caso reciente en la ciudad de Vicenza, cerca del santuario de Monte Berico, ilustra el rigor de esta normativa. Un conductor encontró una boleta de 42 euros bajo su limpiaparabrisas tras haber estacionado su coche con los cristales parcialmente bajos. Los agentes justificaron la sanción alegando que el propietario estaba, de manera involuntaria, "provocando" o facilitando la comisión de un delito de robo.
Las multas por no asegurar adecuadamente el automóvil oscilan entre los 42 y los 173 euros, dependiendo de la gravedad de la situación detectada por los agentes. Esta normativa no se limita exclusivamente a las ventanillas; dejar las llaves puestas en el contacto del motor también conlleva sanciones idénticas. Casos similares se han reportado en diversas regiones, incluyendo la isla de Cerdeña, donde la policía local aplica con el mismo celo estas reglas de prevención y seguridad vial.
La lógica de las autoridades italianas se centra en la seguridad ciudadana y la prevención proactiva del delito. Argumentan que un vehículo mal cerrado es vulnerable no solo a robos de pertenencias, sino a que personas extrañas puedan accionar accidentalmente mecanismos del coche. En el incidente de Vicenza, los oficiales también señalaron que el vehículo estaba aparcado en una pendiente pronunciada sobre un carril de circulación.
El riesgo del freno de mano y la reacción de los turistas
Esta situación añadía un factor de riesgo extra: el peligro de que el freno de mano fuera liberado accidentalmente, provocando que el coche rodara hacia una zona frecuentada por peatones y peregrinos. Aunque los agentes consideraron inicialmente la posibilidad de remolcar el vehículo con una grúa debido al peligro evidente de desplazamiento, optaron finalmente por aplicar la sanción económica directa.
Para los turistas acostumbrados a normativas de tráfico más flexibles en otros países de Europa, estas intervenciones pueden resultar incomprensibles o excesivas. Sin embargo, los cuerpos de seguridad insisten en que estas acciones son medidas preventivas necesarias para evitar incidentes mayores, como accidentes fatales o la desaparición total del vehículo estacionado.