23 de marzo de 2026 - 11:13

Experimento tiñó de rojo el Atlántico: liberan una solución para cambiar el pH del océano

Durante cinco días de observación, el Proyecto Loc-Ness logró capturar hasta 10 toneladas de carbono y elevar el pH del agua de 7,95 a 8,3 en el Golfo de Maine.

Científicos de la Institución Oceanográfica Woods Hole realizaron un experimento inédito en el océano Atlántico para combatir el calentamiento global. Durante cuatro días, bombearon 65.000 litros de una solución alcalina marcada con un colorante rojo para medir su capacidad de absorber dióxido de carbono directamente de la atmósfera y frenar la acidificación marina.

La técnica, denominada "aumento de la alcalinidad oceánica" (OAE), busca acelerar un proceso natural de alteración química de las rocas. Al incrementar la alcalinidad, el mar puede almacenar más carbono en forma de bicarbonato disuelto, actuando como una esponja más eficiente frente a las emisiones humanas.

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El impacto químico y la recuperación del pH preindustrial

El proyecto, llamado Loc-Ness, utilizó drones submarinos autónomos y sensores avanzados para seguir la dispersión del hidróxido de sodio a 80 kilómetros de la costa de Massachusetts. Los resultados presentados recientemente confirmaron que el pH del agua subió de 7,95 a 8,3, alcanzando niveles similares a los de la era preindustrial.

Este cambio es fundamental porque la acidez de los océanos alcanzó su nivel más alto en el último millón de años, lo que representa una amenaza directa para la vida marina y la industria pesquera de especies como el bacalao y la langosta. Los investigadores sostienen que esta tecnología, sumada a una reducción drástica de emisiones, podría ayudar a mantener el calentamiento global por debajo de los 2 grados Celsius.

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Entre el éxito científico y las dudas ambientales

Hasta ahora, las pruebas no mostraron efectos negativos significativos en organismos pequeños como el plancton o las larvas de peces. Sin embargo, el impacto sobre ejemplares adultos o mamíferos marinos todavía no ha sido evaluado, lo que genera cautela entre los especialistas.

Mientras algunos críticos advierten sobre posibles consecuencias catastróficas imprevistas por la intervención química masiva, otros expertos consideran que estas investigaciones son necesarias para gestionar el CO2 de manera responsable. Las estimaciones sugieren que esta técnica podría capturar unas 50 toneladas de carbono al año en condiciones óptimas, lo que marca un primer paso en una tecnología en pleno desarrollo.

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