14 de julio de 2026 - 17:30

Este es el secreto de Japón para construir templos que resisten terremotos desde hace 1400 años sin usar clavos

La técnica sigue siendo utilizada por maestros carpinteros especializados en la restauración de edificios y templos históricos en Japón.

Muchos de los templos y santuarios más antiguos de Japón continúan en pie después de haber soportado terremotos, tifones y siglos de cambios climáticos. Una de las claves de esa resistencia se encuentra en una técnica de carpintería tradicional que prescinde de clavos, tornillos y soportes metálicos.

Este método, conocido como kigumi, consiste en tallar complejas uniones de madera que encajan con absoluta precisión, permitiendo que toda la estructura se sostenga gracias al ensamblaje de sus piezas.

Qué es el kigumi, la técnica japonesa que no utiliza clavos

El kigumi es un sistema de construcción basado en uniones de madera talladas artesanalmente. Cada viga, columna y travesaño se diseña para encajar con otra pieza como si formaran un rompecabezas tridimensional.

Gracias a este sistema, las estructuras mantienen su estabilidad sin depender de elementos metálicos, una característica que ha permitido conservar numerosos templos construidos hace cientos de años.

Los encargados de realizar este trabajo son los miyadaiku, carpinteros especializados en la construcción y restauración de templos, cuyo oficio se transmite de generación en generación desde hace más de un milenio.

Por qué Japón evita los clavos en muchos templos históricos

El uso de uniones de madera no responde únicamente a una tradición cultural. También ofrece ventajas prácticas adaptadas a las condiciones climáticas y geológicas del país.

Japón registra una intensa actividad sísmica, además de veranos húmedos, lluvias abundantes y tifones frecuentes. En este contexto, los clavos metálicos pueden oxidarse con el paso del tiempo debido a la humedad, debilitando tanto las uniones como la propia madera.

Las juntas tradicionales, en cambio, permiten que la madera se expanda y se contraiga de manera natural según la humedad ambiental, reduciendo las tensiones internas de la estructura.

Además, durante un terremoto, estas uniones poseen una ligera flexibilidad que ayuda a absorber y distribuir las vibraciones, disminuyendo el riesgo de daños graves.

Un trabajo que requiere años de aprendizaje

Fabricar estas uniones demanda una enorme precisión. Los miyadaiku estudian cuidadosamente cada pieza de madera antes de trabajarla, analizando la dirección de la veta, su resistencia y sus curvaturas naturales para decidir el lugar exacto que ocupará dentro del edificio.

Existen distintos tipos de ensamblajes según la función estructural que deban cumplir. Entre los más utilizados se encuentran:

  • Tsugite: permite unir dos piezas para formar vigas o columnas de mayor longitud.
  • Shiguchi: conecta vigas y pilares en distintos ángulos para conformar la estructura del edificio.

Cada unión debe ajustarse con absoluta exactitud, ya que una mínima separación puede afectar la resistencia del conjunto.

Una tradición con más de 1.400 años de historia

La carpintería tradicional japonesa tiene raíces que se remontan a más de catorce siglos. Uno de los ejemplos más conocidos es el templo Shitenn-ji, fundado en el año 593, considerado uno de los templos budistas más antiguos de Japón.

Desde entonces, el conocimiento ha pasado de maestros a aprendices mediante largos años de formación, durante los cuales los futuros carpinteros aprenden tanto las técnicas de ensamblaje como las propiedades de las distintas especies de madera.

Un método sostenible que prolonga la vida de los edificios

Además de su valor histórico, este sistema destaca por su sostenibilidad. Al no depender de fijaciones metálicas permanentes, muchas estructuras pueden desmontarse parcialmente para reemplazar únicamente las piezas deterioradas sin necesidad de reconstruir todo el edificio.

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