Escándalo en Francia tras la revelación de un “sistema de depredadores sexuales” en una escuela católica

as, se suceden las denuncias de violencia, agresiones sexuales y violaciones durante esos 20 años en un centro educativo de Lestelle-Betharram.

Congregación del Sagrado Corazón de Jesús de Betharram
Congregación del Sagrado Corazón de Jesús de Betharram

La Congregación del Sagrado Corazón de Jesús de Betharram nació en el siglo XIX a los pies de los Pirineos franceses con el objetivo de educar a los jóvenes, pero antiguos alumnos denuncian ahora un “sistema de depredadores” sexuales entre 1970 y 1990.

“Hemos abierto la caja de Pandora”, asegura uno de ellos a la AFP. Desde hace semanas, se suceden las denuncias de violencia, agresiones sexuales y violaciones durante esos 20 años en un centro educativo de Lestelle-Betharram, que la congregación gestionó en solitario hasta 2009.

La fiscalía abrió en febrero una investigación tras recibir 20 denuncias, a las que siguieron 13 y seguirán muchas más, asegura a esa agencia de noticias Alain Esquerre, de 52 años, quien creó un grupo en la red social Facebook para recabar testimonios. “Nunca aceptaré la violencia gratuita que sufrimos. Llevo años advirtiendo a la gente. Me han robado años de infancia. Ahora descubrimos lo indecible. íDebería ser un escándalo nacional!”, se indigna este hombre, que estudió en el centro en los años 80.

Antiguos alumnos acusan a seis sacerdotes y dos laicos del centro católico Notre-Dame-de-Betharram, rebautizado Ensemble du Beau Rameau y cogestionado actualmente con la congregación de las Filles de la Croix. El actual director del centro, que acoge 520 alumnos entre educación infantil y liceo, Romain Clercq, expresó a la AFP su “compasión” y su “apoyo” a las víctimas de actos que “condena firmemente”. La Congregación del Sagrado Corazón de Jesús de Betharram, implantada en 15 países entre ellos Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y España, se dijo “consciente del sufrimiento de las víctimas de estos actos abominables”.

La organización, dirigida por el argentino Gustavo Agín, se comprometió además a través de su vicario regional Jean-Marie Ruspil a acompañar a las víctimas “en este doloroso y difícil proceso de reconstrucción”. En 2021, una comisión independiente estimó en un informe que unos 216.000 menores fueron víctimas de abusos por sacerdotes y religiosos en Francia entre 1950 y 2020, cifra que sube a 330.000 si se cuentan a los trabajadores de instituciones religiosas. Antoine (nombre modificado), de 47 años, presentó en 1999 una denuncia, que fue archivada, contra un supervisor general.

“Era mi palabra contra la suya y me indignó que no me creyeran”, explica a la AFP. Este hombre presentó otra en febrero contra este laico, al que la dirección del centro educativo de esta localidad cercana a Lourdes apartó de su puesto el pasado 14 de febrero en nombre del “principio de precaución”. Antoine nunca olvidará la “primera vez”, en la ducha del supervisor. “Yo era un bebé”, asegura. Luego, llegaron las agresiones sexuales en el campamento “scout”.

“Dormía en su tienda. Tenía 14 años. Es de locos”. Adolescente, vivió incluso en casa de su presunto agresor, cerca del centro. “Solo me quería para él. Todo el mundo sabía que dormía allí”, abunda el exalumno, que habla de masturbaciones “una vez a la semana durante cuatro años” y “al menos” una felación impuesta. Cuando descubrió el grupo de denunciantes, rompió a llorar.

“Incluso 26 años después, estoy dispuesto a luchar. Espero que me crean. Quiero que vaya a juicio”. Brice, de 48 años, presentó una denuncia por violaciones y violencia entre 1984 y 1991, y acusa a otro vigilante laico, objeto de 29 denuncias según Alain Esquerre. El hombre denuncia también a un exdirector de la institución, que fue imputado en 1998 por violar a un menor y que se suicidó en el año 2000 en Roma.

Otro exalumno de Betharram, Christophe Marejano, habla de un “sistema de depredadores a lo largo de 35 años” y asegura que las agresiones físicas que sufrió empezaron desde el primer día, con 10 años. Este hombre de 54 años, escolarizado entre 1980 y 1987 en el internado reconvertido en un albergue para peregrinos, recuerda el “silencio como método”. “Debíamos callar todo el tiempo: en los dormitorios, durante el tiempo de estudio, en las duchas (...) Las víctimas vivían este calvario solas”.

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