29 de julio de 2026 - 10:47

En 1945, Islandia plantó lupinos para salvar sus suelos: hoy la flor morada es una especie invasora

La superficie apta para esta flor, introducida para fijar nitrógeno en suelos pobres, podría duplicarse en las próximas décadas debido al aumento de las temperaturas.

En 1945, Islandia introdujo el lupino de Alaska para combatir la erosión severa y recuperar bosques tras siglos de deforestación y actividad volcánica. Ocho décadas después, la planta de flores moradas ha sido reclasificada como una amenaza invasora que reduce drásticamente la diversidad vegetal en la tundra y las áreas forestales.

Islandia se tiñe de morado cada verano, un espectáculo que atrae turistas pero preocupa a los científicos locales. Lo que comenzó como un proyecto de restauración ecológica para fijar nitrógeno en suelos pobres se ha transformado en un problema de uniformidad vegetal. La planta se comporta como un "ingeniero del ecosistema", modificando las condiciones del entorno en contra de las especies autóctonas.

¿Cómo afecta el lupino a la diversidad vegetal de Islandia?

El lupino de Alaska altera la estructura del terreno al introducir grandes cantidades de nitrógeno. Este proceso, aunque inicialmente fértil, resulta letal para orquídeas y pequeñas plantas leñosas nativas que evolucionaron en suelos islandeses escasos de nutrientes. Un estudio muestra que la diversidad vegetal cae significativamente en las zonas donde la cobertura de esta flor supera el 50%.

La expansión del lupino ya no se limita a las zonas de plantación original de mediados del siglo XX. Actualmente, cerca del 13,3% de la superficie de Islandia ofrece condiciones idóneas para su crecimiento. Los investigadores advierten que este territorio podría duplicarse entre los años 2061 y 2080, alcanzando altitudes superiores y las regiones montañosas centrales a medida que el clima se vuelve más cálido.

¿Por qué se considera invasora a esta especie en Islandia?

La actividad humana ha facilitado el transporte de semillas a través de la red de carreteras, permitiendo que la especie colonice nuevos territorios con rapidez. Mientras la autoridad islandesa para la recuperación de tierras defiende que la planta es vital en suelos donde nada más sobrevive, las organizaciones de conservación denuncian la destrucción de paisajes únicos que no estaban degradados.

El Instituto Islandés de Historia Natural ya cataloga formalmente al Lupinus nootkatensis como una especie invasiva. El caso de Islandia ilustra la dificultad de prever los efectos de las soluciones ecológicas a largo plazo, especialmente cuando factores externos como el cambio climático aceleran la propagación de especies fuera de su propósito inicial.

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