Suiza ha excavado una red masiva de más de 1.400 túneles bajo los Alpes, sumando unos 2.000 kilómetros de extensión. Este sistema, comparable en longitud a los grandes metros urbanos, no busca solo la rapidez de los viajeros, sino transformar radicalmente el clima regional eliminando el tráfico pesado de superficie.
La pieza central de este mundo oculto es el enlace ferroviario NRLA, que combina los túneles de base de Lötschberg, Gotthard y Ceneri en un corredor plano bajo las cumbres. El túnel de base de San Gotardo, con 57 kilómetros de longitud, es el más largo del mundo y permite que un tren de pasajeros lo cruce en solo 20 minutos. Aunque desde fuera parece una obra de conveniencia para reducir curvas y tiempos, el objetivo gubernamental es estrictamente ecológico.
Reducción de emisiones y restauración del entorno natural
Este cambio modal fue impulsado por la Iniciativa de los Alpes aprobada por los votantes en los años 90. El diseño de rutas planas bajo las montañas permite el paso de trenes de carga más largos y pesados con un consumo energético mucho menor, ya que las locomotoras no necesitan subir pendientes pronunciadas. Según los estudios actuales, un tren requiere solo una quinta parte de la energía y emite una cuarta parte de los gases de efecto invernadero por tonelada-kilómetro en comparación con un camión pesado.
Los resultados muestran que el 72% de la carga que cruza los Alpes suizos ya viaja por ferrocarril. En 2018 cruzaron unos 941.000 camiones, un tercio menos que en el año 2000. Los analistas estiman que esta política evitó el paso de otros 651.000 camiones adicionales en 2016 y ahorró al menos 0,7 millones de toneladas de CO2 en 2017. Aun así, el objetivo político final busca reducir la cifra de camiones anuales en 300.000 unidades más.
Las estrategias que ayudaron a reducir el impacto ambiental de la obra
La excavación de este sistema implicó remover 28 millones de toneladas de roca y verter grandes volúmenes de hormigón. Para mitigar el impacto, los materiales se movieron por tren o barco, la maquinaria utilizó filtros de partículas y las aguas residuales fueron tratadas y enfriadas antes de llegar a los ríos. Tras finalizar las obras, se restauraron las riberas de los ríos y se reconstruyeron muros de piedra seca para proteger a reptiles y pequeños animales.
La infraestructura profunda también aporta seguridad ante el calentamiento global. Los túneles y galerías protegen las rutas frente a avalanchas y desprendimientos de rocas. En escenarios de lluvias extremas, estas rutas enterradas permiten mantener abiertas las líneas de transporte clave cuando las carreteras de superficie quedan bloqueadas. El modelo suizo se financia mediante un fondo ferroviario federal independiente de los ciclos políticos cortos.