18 de enero de 2026 - 10:49

Descubrimiento en Suiza tiene 1.400 túneles bajo la roca y revela el plan secreto para salvar las montañas

Bajo la superficie de los Alpes, Suiza construyó una red monumental de túneles para trasladar el transporte de carga al tren y reducir drásticamente la contaminación ambiental.

Bajo el imponente paisaje de los Alpes en Suiza, se oculta una red monumental de más de 1.400 túneles que recorren 2.000 kilómetros bajo la roca. Este megaproyecto, desarrollado durante casi tres décadas, no es solo una proeza de ingeniería, sino un plan ambiental masivo diseñado para proteger el clima y la biodiversidad alpina.

El gigante bajo la roca que reemplaza a los camiones

Este "segundo país" subterráneo incluye túneles ferroviarios, de carretera y galerías ocultas para servicios básicos que, en su totalidad, superan la longitud de los principales sistemas de transporte urbano del mundo. La pieza central es el Nuevo Enlace Ferroviario a través de los Alpes (NRLA), que conecta túneles estratégicos como el de San Gotardo. Este último, con 57 kilómetros de extensión, ostenta el récord de ser el túnel ferroviario más largo del planeta, permitiendo que un tren lo cruce en apenas 20 minutos.

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Más allá de la comodidad y la reducción del tiempo de viaje, el objetivo primordial de esta infraestructura es el medio ambiente. Durante décadas, el tráfico de camiones pesados saturó los valles alpinos con gases de diésel y smog, afectando la salud de los pueblos locales y el ecosistema. La solución suiza fue mover esa carga al subsuelo: una ruta llana bajo las montañas permite que los trenes de mercancías sean más largos y pesados, consumiendo apenas una quinta parte de la energía que un camión por cada tonelada transportada.

Gracias a esta política, el 72% del transporte de mercancías transalpino en Suiza se realiza hoy por ferrocarril. Se estima que sin estos túneles, más de 650.000 camiones adicionales habrían cruzado los Alpes en un solo año, lo que evitó la emisión de al menos 0,7 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera.

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Una construcción invisible que respeta la vida silvestre

Excavar semejante red no fue una tarea sencilla ni libre de desafíos ecológicos. Se extrajeron unos 28 millones de toneladas de roca solo para el túnel de San Gotardo. Sin embargo, el enfoque suizo fue devolver a la superficie lo que se tomó de las profundidades. Los materiales se transportaron por medios sustentables, la maquinaria utilizó filtros especiales y el agua residual fue tratada y enfriada antes de volver a los ríos para no alterar el ecosistema acuático.

El impacto positivo se siente hoy en la vida cotidiana de las comunidades de montaña. Para los habitantes de los valles, cada tren que pasa por el subsuelo significa noches más silenciosas y un aire mucho más puro. Además, el plan contempló la reconstrucción de muros de piedra seca y la restauración de riberas para favorecer la vida de reptiles y pequeños animales que habían perdido su hábitat.

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Incluso ante el avance del calentamiento global, esta infraestructura ofrece una capa extra de seguridad. Los túneles y galerías actúan como escudos contra avalanchas y desprendimientos de rocas, manteniendo las rutas principales abiertas cuando los caminos de superficie quedan bloqueados por fenómenos climáticos extremos. La lección de Suiza es clara: los túneles no son una solución mágica por sí solos, pero si forman parte de un plan integral de inversión y reglas ambientales, pueden transformar el futuro de un país.

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