16 de febrero de 2026 - 11:03

El misterio del "Síndrome de La Habana" ya no es teoría: así es el arma secreta que daña cerebros a distancia

Tras años de dudas, el hallazgo de un dispositivo portátil con componentes rusos y un arriesgado experimento científico confirman que las ondas de radio pueden afectar la biología humana.

El misterio del "Síndrome de La Habana" dio un vuelco dramático tras una década de incertidumbre. Lo que antes se descartaba como estrés ahora tiene una prueba física: un dispositivo capaz de emitir ráfagas de energía que dañan el sistema nervioso. Un científico noruego decidió probar la tecnología en su propio cuerpo y los resultados alertaron al Pentágono.

La historia de los "Incidentes de Salud Anómalos" (IAH) comenzó en 2016 en Cuba, afectando a diplomáticos que reportaban ruidos agudos y presiones intensas en la cabeza. Durante años, la hipótesis oficial osciló entre un ataque con armas sónicas y una posible histeria colectiva. Sin embargo, nuevas evidencias obtenidas entre 2024 y 2026 han cambiado la perspectiva de la inteligencia estadounidense.

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El experimento extremo: ser "conejillo de indias" de una tecnología secreta

En 2024, un investigador del gobierno noruego, conocido por ser escéptico sobre la capacidad de las ondas para dañar el cerebro, construyó un dispositivo de energía pulsada basándose en información clasificada. En un intento por demostrar que eran inofensivos, lo probó en sí mismo.

El resultado fue contundente: el científico desarrolló de inmediato mareos severos, dolores de cabeza intensos y problemas de equilibrio. Estos síntomas coinciden con el cuadro clínico reportado por más de 1.500 funcionarios estadounidenses en todo el mundo. Este incidente motivó visitas secretas de la CIA y el Pentágono a Noruega para analizar el aparato.

Qué es el dispositivo de mochila con piezas rusas

Casi en paralelo al caso noruego, el gobierno de Estados Unidos adquirió clandestinamente un dispositivo portátil que cabe en una mochila. Se trata de una máquina que emite energía pulsada de radiofrecuencia y que contiene componentes de origen ruso.

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Aunque el Pentágono aún investiga quién fabricó el aparato, los ensayos realizados durante más de un año sugieren que esta tecnología puede reproducir los efectos neurológicos de las víctimas. Los síntomas más recurrentes incluyen:

  • Disfunción cognitiva: dificultad para concentrarse y memoria lenta (conocido como "niebla mental").
  • Problemas vestibulares: vértigo persistente y desorientación.
  • Trastornos auditivos: ruidos metálicos, chirridos y tinnitus.
  • Secuelas físicas: sangrado nasal y náuseas.

De la "sugestión colectiva" a la evidencia biológica

Este avance tecnológico ha provocado un cisma en la comunidad de inteligencia. Mientras que la CIA mantuvo por años que era "muy improbable" la intervención de un adversario, agencias como la NSA y el Centro Nacional de Inteligencia Terrestre actualizaron su postura en enero de 2025.

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Ahora, estos organismos admiten que existe una probabilidad "aproximadamente igual" de que un actor extranjero haya desarrollado armas capaces de causar estos daños biológicos. La investigación del Congreso estadounidense apunta a que unidades de inteligencia rusa podrían estar detrás de estos ataques mediante energía dirigida.

La confirmación de que existe tecnología portátil capaz de generar efectos tan debilitantes marca un precedente peligroso en la seguridad internacional. Lo que comenzó como un misterio médico en La Habana se ha transformado en una realidad de guerra tecnológica encubierta que ya no puede ser ignorada.

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