New Ground, en el norte de Londres, no es un geriátrico ni una comuna hippie. Es un complejo de 25 departamentos donde 26 mujeres de hasta 94 años decidieron vivir bajo sus propias reglas. El requisito para mudarse es simple pero tajante: ser mujer, tener más de 50 años y no pretender convivir con hombres.
El lugar parece un coworking moderno pero es una "utopía feminista" en pleno suburbio británico. Las residentes no están "estacionadas" esperando que pase el tiempo; trabajan, hacen yoga y mantienen un jardín de flores silvestres. Gestionan todo ellas mismas, desde la limpieza hasta los asuntos legales, para demostrar que pueden "cambiar sus propias bombillas" sin tutela masculina.
Por qué decidieron excluir a los hombres: la historia detrás de la regla
La decisión de no dejar vivir a hombres tiene una explicación histórica. Maria Brenton, embajadora de la red, cuenta que en un proyecto parecido dejaron entrar varones para dar una mano con los arreglos. En medio año, todos los puestos del consejo de administración eran hombres. En New Ground prefirieron dividir las tareas entre equipos de voluntarias para no perder el mando de su propia casa.
En España, la experiencia de Santa Clara en Málaga ya cumple treinta años. Aurora Moreno, una de las pioneras, buscó una vuelta a los asilos tradicionales porque sentía que les faltaba "el cariño y la amistad". El perfil está cambiando: ya no es solo para gente con mucha plata, sino para mujeres de clase media que buscan emanciparse de los roles de género y no quieren "coger la escoba", sino escribir sus propios libros.
El mayor obstáculo: el costo de vivir en una comunidad de mujeres
El drama ahora es el bolsillo. Mientras la pensión media de una mujer ronda los 847 euros, entrar a estos complejos en España puede costar una cuota de 66.000 euros más mensualidades de 1.200 euros. Organizaciones como "Mujeres con Historias" en Uruguay ya trabajan para que estas viviendas colaborativas sean una opción real ante la soledad, defendiendo los derechos en la vejez sin depender de la caridad ni de estructuras jerárquicas.