18 de septiembre de 2026 - 16:30

Conocé a Carlos y Christina Schenstrom, los hermanos que crearon una marca de snacks bolivianos durante la pandemia: hoy facturan más de 500 mil dólares

Carlos y Christina Schenstrom fundaron Cassavida durante la pandemia y llevaron el cuñapé, un clásico de la gastronomía boliviana.

Lo que comenzó como una conversación entre hermanos durante sus años en la Universidad de Kansas terminó convirtiéndose en un emprendimiento con proyección internacional. Carlos y Christina Schenstrom son los fundadores de Cassavida, una empresa que busca introducir la gastronomía boliviana en Estados Unidos a través de un producto emblemático: el cuñapé.

La idea llevaba años rondando sus cabezas, pero fue la pandemia de COVID-19 la que les dio el tiempo necesario para ponerla en marcha. En 2021 lanzaron oficialmente la marca, pese a no tener experiencia previa en la industria de alimentos ni en el competitivo mercado de snacks estadounidense.

Hoy, la compañía proyecta alcanzar US$500.000 en ingresos durante 2026, consolidando un crecimiento sostenido tras un importante relanzamiento comercial.

Qué es el cuñapé, el snack boliviano que conquistó a EE. UU.

El producto estrella de Cassavida es el cuñapé, un pequeño panecillo tradicional elaborado principalmente con almidón de yuca y queso. Su textura crujiente por fuera y su sabor intenso lo convierten en uno de los bocados más representativos de la cocina boliviana.

Más allá de vender un alimento, los hermanos Schenstrom aseguran que su objetivo es dar a conocer las tradiciones culinarias de Bolivia, un país cuya gastronomía todavía es poco conocida por gran parte de los consumidores estadounidenses.

La inversión para convertir una receta casera en una marca

Emprender en una industria completamente nueva implicó un proceso mucho más costoso de lo que imaginaron. Durante las primeras etapas, Carlos y Christina buscaron mentores y especialistas que los ayudaran a comprender el funcionamiento del negocio de productos alimenticios en Estados Unidos.

Uno de los pilares fue el desarrollo de la identidad de la marca, una etapa en la que destinaron alrededor de US$200.000. Sin embargo, el crecimiento exigió una inversión todavía mayor.

Con el paso del tiempo trabajaron junto a la agencia creativa Dayjob, realizaron un cambio integral de imagen y construyeron su propia planta de fabricación en Bolivia. En total, los fundadores revelaron haber invertido casi US$1 millón para convertir Cassavida en una empresa plenamente operativa.

El relanzamiento de 2025 impulsó las ventas

El gran punto de inflexión llegó en 2025, cuando Cassavida fue seleccionada para el programa de Innovación de la cadena de supermercados Sprouts y presentó su nueva identidad de marca.

Hasta ese momento, la empresa registraba ventas anuales inferiores a US$50.000. Tras el relanzamiento, la facturación superó los US$100.000, con una proyección cercana a US$150.000 para el cierre de ese mismo año.

Ese crecimiento fortaleció la presencia del cuñapé en nuevos puntos de venta y redefinió la misión de la compañía: convertirse en una embajadora gastronómica de Bolivia mediante un producto que combina tradición, identidad cultural e innovación en el mercado internacional.

Cassavida apunta a duplicar su crecimiento en 2026

Con una estructura de producción consolidada y una mayor distribución en Estados Unidos, los hermanos Schenstrom esperan que Cassavida alcance US$500.000 en ingresos durante 2026.

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