Científicos descubren que podría haber restos de otro planeta debajo de la superficie de la Tierra

Una reciente investigación de la Universidad de Arizona y el Instituto de Tecnología de California insinúa que las enigmáticas capas densas del manto terrestre podrían ser vestigios de la colisión contra el protoplaneta Tea hace 4.500 millones de años.

Científicos descubren que podría haber restos de otro planeta debajo de la superficie de la Tierra
Científicos descubren que podría haber restos de otro planeta debajo de la superficie de la Tierra.

De acuerdo con un estudio de la Universidad de Arizona y el Instituto de Tecnología de California, la Tierra podría tener restos de otro planeta en varios mantos de su capa terrestre. Esto podría confirmar la teoría del geólogo Qian Yuan, que tenía la idea de que el manto del globo terráqueo cambió su composición, luego de que chocara con el protoplaneta Tea hace 4.500 millones de años, según El País de España.

Estos fragmentos habrían dejado rastros de su naturaleza en la parte más profunda y oculta del manto terrestre donde precisamente tienen origen los movimientos sísmicos más anómalos. Sin embargo, cuando el experto llegó a esta conclusión en 2021, esta no fue tan plausible, hasta ahora, que su propuesta fue validada por otros colaboradores en una de las revistas de difusión científicas más importantes, detalla El Tiempo de Colombia.

Según el reciente estudio publicado en Nature, una nueva teoría acerca de cómo ocurrió la evolución la Tierra primitiva podría validar esta hipótesis.

Según la Hipótesis del Impacto Gigante, la Luna se creó hace 4.500 millones de años cuando un posible planeta del tamaño de Marte se estrelló contra la Tierra, al momento de que esta se encontrara en formación. Esta colisión épica entre la Gaia primitiva y el protoplaneta llamado Tea, lanzó una enorme cantidad de escombros a la órbita, que formó al astro que se convertiría en la Luna.

No obstante, este cuerpo celeste y su choque con nuestro planeta también logró penetrar en la composición terrestre, fusionando parte de sus materiales con el manto de la Tierra. De acuerdo con Yuan, cuando Tea se estrelló contra la protoTierra, viajaba a más de seis millas por segundo, una velocidad que le permitió a una parte penetrar muy profundamente en el manto inferior de la Tierra. Para probarlo, los científicos realizaron simulaciones por computadora de la interacción entre el manto de Tea y el de la Tierra desde el momento de la colisión hasta el presente.

“Esto demostró que parte del material de Theia inicialmente se hundió hasta la parte inferior del manto de la Tierra y que más de Theia se acumuló allí con el tiempo, formando las manchas en el manto de la Tierra que evidenciarían a coalición”, según Nature.

De acuerdo con los expertos el manto de la Tierra está compuesto de un 8 % de hierro, al igual que el manto de Tea, sin embargo, este cuenta con una cantidad mayor del mineral, lo que produjo que, al introducirse a nuestro planeta, penetrara y se hundiera en la parte más profunda del manto terrestre, ubicado a la altura debajo de África occidental y el océano Pacífico, a 2.900 kilómetros bajo el suelo.

A pesar de que ambos mantos se fusionaron hace miles de millones de años, aún hay una cualidad que los diferencia, ya que Yuan y su equipo se percataron de la gran densidad del manto que proviene del protoplaneta, una clase de cuerpo celeste que se caracteriza por su mínimo tamaño, por lo que también es descrito como un embrión planetario, el cual representaría el 2 % de la masa de nuestro planeta.

De hecho, Yuan y su colega, el geofísico Edward Garnero, confirmaron que la parte más densa del manto de la Tierra es donde se producen los “movimientos sísmicos anómalos”. No obstante, aclararon que la fusión entre Gaia y Tea fue el resultado de una “simple consecuencia natural”, detalla El Tiempo de Colombia.

Esta conclusión fue posible gracias a una investigación que llevó más de dos años, luego de que Garnero se uniera a Yuan, ya que fue de los pocos que creyó en la posibilidad de su hipótesis. “Creo que es completamente viable, hasta que alguien me demuestre que no lo es”, dijo el geofísico a ‘Science’, antes de emprender el estudio que ahora cobra importancia intencional.

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