En la localidad de Steenokkerzeel, Bélgica, una torre de agua de 30 metros de altura se transformó en una residencia de siete niveles. La estructura, levantada entre 1938 y 1941, operó como reservorio de agua y puesto de vigilancia militar durante la Segunda Guerra Mundial antes de ser intervenida por arquitectos contemporáneos.
La edificación permaneció en servicio hasta inicios de la década de 1990. En 2004, un procedimiento legal permitió proteger y preservar el edificio, reconociendo la necesidad de conservar la construcción a pesar del fin de su función pública. El estudio belga NCBHAM inició la reforma integral en 2007, recuperando el exterior original y adaptando el interior para la vida doméstica.
La distribución vertical y el reservorio de concreto
El proyecto conservó el tanque de concreto de 250.000 litros como pieza física e histórica fundamental de la vivienda. La rutina se organiza en siete alturas conectadas por el bloque de un elevador y las escaleras existentes. En la planta baja se ubica la entrada y el garaje, mientras que los niveles inmediatamente superiores albergan áreas técnicas y depósitos.
El baño principal, situado en el tercer nivel, incluye una ducha de 4,5 metros de altura que aprovecha la escala vertical inusual de la torre. Esta instalación integra la escala monumental del edificio en una experiencia cotidiana, utilizando paredes de vidrio oscuro para mantener la privacidad de los residentes. La presencia del concreto crudo se equilibra con el uso de maderas y diversos textiles en los acabados.
¿Cómo se distribuyen los ambientes en los pisos superiores?
Sobre el baño se encuentra la habitación principal, un entorno circular rematado por un techo en forma de cúpula. Una escalera giratoria conduce desde este espacio hacia el área social de la residencia. La cocina y el comedor se sitúan en la parte más alta, permitiendo el paso hacia el exterior mediante una pasarela de acero.
Una terraza panorámica corona la construcción a 30 metros de altura, ofreciendo una vista abierta de la geografía belga. El sistema de circulación interna incorpora un elevador que comparte espacio con una biblioteca y un depósito de objetos. Las tuberías industriales y las columnas originales, pintadas en gris oscuro, permanecen visibles para diferenciar la estructura histórica de los añadidos modernos.