12 de diciembre de 2013 - 00:16

¿Ha muerto Mandela?

Parecía ser un día como cualquier otro pero no, fue anunciada la muerte de Nelson Rolihlahla Mandela. ¿Quién osó a decir que se fue, si su voz aún fluye por los labios de esos hombres libres? Eco de una lucha ardua, de un silencio carcelero, de una vida que valió la pena y supo revolucionar la Historia para siempre. Numerosos idealistas soñaron con cambiar el mundo; él, como pocos, terminó lográndolo.

¿Cómo se cuentan 95 años en la vida de un hombre, particularmente en la de uno que entregó la mayor parte de los suyos a honrar la existencia de tantos otros seres humanos?

Nelson fue el nombre en inglés que una maestra escogió para Rolihlahla Mandela al comenzar el colegio, enclavado en una sociedad excluyente, dominada por una minoría blanca y racista. Así también lo identificaría el mundo años después, como símbolo de lucha y libertad, de tolerancia e igualdad.

"Siempre he atesorado el ideal de una sociedad libre y democrática, donde las personas puedan vivir juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal para el que he vivido; por el que espero vivir y, si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir", revelaba Mandela en 1961, ante los ojos sin vendar de aquella Justicia del segregacionista régimen del apartheid que decidió enviarlo a una cárcel de alta seguridad en la ventosa y solitaria isla Robben, donde permaneció 27 de sus años.

¿Habrá imaginado por entonces que llegaría a ser el primer Presidente negro de Sudáfrica, siendo capaz de tender una mano sin rencor a la minoría blanca, para juntos conducir el país hacia una transición histórica rumbo a la postergada democracia?

¿Habrá pensado que figuraría en la lista de terroristas erigida por Estados Unidos y que recién en 2008 le quitarían ese estigma, a 15 años de haber sido honrado con el Nobel de la Paz?

Belleza y dolor describen su país, el más austral de África. Pies descalzos y panzas hambrientas danzando sobre tierras fértiles, sembradas de oro y diamantes; con imponentes rascacielos que en vano se esfuerzan por cubrir el radiante sol.

Ni las reconocidas novelas de Wilbur Smith podrán traducir jamás en palabras cómo se siente el retumbar de sus tambores en el pecho, o la humedad en la brisa del Índico sobre el rostro?

Era una cálida mañana de 1992 cuando los sudafricanos observaban impávidos las noticias anunciando que el referéndum -del que sólo había participado la minoría blanca- había dicho sí a la igualdad racial, la que luego fuera instituida legalmente.

Dos años más tarde, cuando la inmensa mayoría de la población votaba por primera vez en su vida, Mandela tomó las riendas del destino de su país. "Se ha producido un pequeño milagro", exclamaba eufórico, dando a entender que muchos otros prodigios serían necesarios en tan postergada nación.

Hoy, tiempo después, Sudáfrica aún se levanta y avanza lentamente como uno de sus elefantes cansinos. La transición del apartheid a la democracia no es un hecho acabado sino un difícil y valiente proceso de construcción nacional que seguramente conocerá las miradas y el esfuerzo de varias generaciones.

Se consolidará cuando los sudafricanos reconozcan en la integración social una nueva forma de convivencia que tenga a todos por protagonistas, en un escenario regido por el interjuego del encuentro y la diferencia; reconociéndose los unos a los otros como legítimos y necesarios integrantes de una sociedad que proyecta un futuro compartido.

¿Qué significará haber vivido 95 años, cuando se ha ofrendado cada uno de ellos a cambio de una cuota de paz y libertad para los demás?

Dicen que ha muerto Nelson Mandela. ¿Cómo se explica, si sus pasos todavía resuenan latiendo en los corazones de los hombres libres, si sus palabras repican en las voces de todos aquellos que sueñan con serlo, y su fortaleza se levanta en los brazos que claman por un mañana mejor?

"Nkosi Sikeleli África", son las voces que en zulú imploran para que Dios proteja al África, la tierra que lo vio nacer y le dio sentido a su existencia. "¡Nkosi Sikeleli Mandela!".

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