20 de diciembre de 2013 - 22:48

Muchos enroques y poca plata

El gobernador Pérez hizo rotar a sus funcionarios mientras espera que le aprueben un Presupuesto con pautas que ya están desactualizadas.

El gobernador Francisco Pérez hizo una puesta en escena esta semana que muy pocos han llegado a entender. Luego de haber lidiado la semana pasada con una crisis policial, y de haber inquietado sin sentido a los empleados públicos poniendo en duda el pago del medio aguinaldo, pidió la renuncia a todos sus colaboradores.

Cuando todos esperaban definiciones del primer mandatario, éste viajó a Buenos Aires y dejó al secretario Legal y Técnico de la Gobernación el anuncio que implicaba subir al rango de ministerios a todas las secretarías y crear dos nuevos ministerios.

A su vez, hizo un enroque de funcionarios que terminó dejando como única novedad el rescate del sanrafaelino Omar Félix para ser Director de YPF, después del fracaso electoral que no le permitió renovar su banca de diputado nacional.

La movida suponía cambios profundos en el gabinete pero hasta ahora no salió nadie y sólo ingresó Félix junto al nuevo ministro de Desarrollo Social, Cristian Bassín. Cuando Pérez intentó justificar todos estos movimientos, utilizó una frase espectacular: dijo que los cambios están en sintonía con la “profundización de un proyecto político construido desde los municipios, la provincia y el Gobierno nacional”.

En realidad, nadie sabe qué quiso decir, pero utilizó los latiguillos propios de los políticos que no pueden explicar las cosas.

Problemas de plata

Mientras se prometen nuevos cambios, que seguramente demandará un estudio para realizar nuevas rotaciones, Pérez deberá afrontar la gestión con 15 ministros y un Presupuesto atado con alambre, ya que está formulado sobre la base de que en 2014 la economía crecerá un 6%, la inflación será de un 10% y el dólar oficial costará $ 6,33.

Estas pautas son fundamentales porque sobre ellas se basa la estimación de los ingresos y, a partir de allí, se calcula la base de los egresos, lo que, finalmente, nos dará el cuadro de superávit o déficit.

En este caso, hay que pedir autorización para endeudarse y tomar crédito para cubrir el faltante. Los cálculos privados más optimistas estiman un crecimiento entre 1,5 y 2% para 2014, mientras la inflación, con suerte, repetiría el nivel del 30% con que cerrará 2013.

El gobierno no puede esperar ingresos por la vía del crecimiento, que será mucho menor al esperado, aunque puede especular con mayores ingresos por la vía de la inflación.

Pero crecimiento e inflación son conceptos cualitativamente distintos desde el punto de vista de los ingresos fiscales. Con crecimiento y baja inflación, el crecimiento de los recursos se da por vía genuina. Con inflación, los mismos ingresos se ven afectados por la pérdida de valor de la moneda pero, además, se incrementan los costos y los gastos de la misma forma.

Hoy está trabado en la Legislatura el tratamiento del Presupuesto 2014 porque los legisladores de la UCR no quieren ampliar la autorización de endeudamiento que el gobierno pide. Constitucionalmente, cualquier tipo de deuda que el Ejecutivo tome debe estar autorizada por los 2/3 de los legisladores presentes al momento de la aprobación y hasta el momento el bloque de diputados de la UCR se mantiene firme en su posición.

El problema grave es que el Ejecutivo no quiere mover ni un número del Presupuesto y la oposición no quiere moverse de la pauta de nueva deuda y le exige bajar el gasto en 1.000 millones. Quizás lo más complejo es que están discutiendo sobre números irreales, porque a las pautas anteriores hay que agregar que el dólar ya superó en esta semana, el nivel de dólar promedio previsto para todo 2014 y no se han actualizado las previsiones para medir el impacto de la mayor devaluación del dólar oficial.

A estas previsiones, posiblemente, habría que agregar una más. Las provincias productoras de petróleo firmaron el miércoles pasado un acuerdo para bajar a 3% la tasa de ingresos brutos que pagan las compañías petroleras. Había una gran dispersión entre provincias y, por presión de YPF se estableció una tasa uniforme.

El gobierno de Mendoza, aparentemente, no firmó dicho acuerdo. Al menos el gobernador no estuvo en el momento de la firma, pero a Pérez se le presenta una situación muy grave. Por una parte, bajar la actual alícuota de 5,5% a 3% le implica a las arcas provinciales resignar, al menos en el corto plazo, ingresos por unos 100 millones de pesos, según estimó el diputado nacional Enrique Vaquié.

Pero al rebajar la alícuota de las petroleras al 3% se producirá una desigualdad con otras actividades económicas que hoy tributan entre 3,5 y 5%, que van desde profesionales hasta industrias e, incluso mayoristas, almacenes y quioscos.

No se sabe si Pérez conseguirá esquivar el problema, pero si no firma quedará en situación de desventaja frente a otras provincias petroleras y espantará inversiones,  pero si firma, deberá enfrentar la ira de todos los demás sectores económicos y productivos de la provincia.

Proyecciones poco optimistas

Cuando el gobernador confesó que con la caída de la coparticipación había dudas acerca del pago del medio aguinaldo, no estaba mintiendo. Quizás equivocó el modo y la oportunidad, pero la situación es real.

Hasta octubre las transferencias de coparticipación (sin regímenes especiales) venía a buen ritmo, hasta que el gobierno nacional aumentó el mínimo no imponible del impuesto a las ganancias para los trabajadores en relación de dependencia. Eso impactó en el ingreso del impuesto y, por supuesto, en la coparticipación, en octubre pero en mayor medida en noviembre.

Los datos disponibles de la primera quincena de diciembre de 2013, según la consultora Economía & Regiones, muestran un crecimiento interanual del 15,3% y, según la misma consultora,  el mes cerraría con un crecimiento interanual del 24%, siendo el quinto mes consecutivo que las transferencias por este rubro están por debajo del 30%.

El fondo de la Soja, ha tenido un crecimiento este mes por las mayores liquidaciones de exportaciones, un poco por la aceleración en la devaluación de la moneda y otro poco porque los productores necesitan hacerse de efectivo para la nueva siembra.

El corolario es que la mayor inflación no está generando mayores ingresos y éste es el dato preocupante cuando hay que hacer proyecciones para el año próximo.

Las discusiones del Presupuesto 2014 deberían centrarse en proyecciones más realistas y, lógicamente, trabajar seriamente para mejorar la calidad del gasto público. Los contribuyentes no pueden pagar más y el presupuesto no puede ser un barril sin fondo.

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