El jueves salió a la luz otro caso de abuso sexual en el ámbito religioso. Después de la denuncia de un joven seminarista a dos curas del Monasterio Cristo Orante, en Tupungato, por violación cuando era menor de edad, la policía detuvo a los monjes Diego Roque y Oscar Portillo, dos religiosos de Buenos Aires que regentean, desde 1996, el monasterio.
Ayer la Justicia imputó a estos dos sacerdotes. Y luego el procurador de la Corte Alejandro Gullé explicó que desde el Arzobispado se conocían otros hechos anteriores y prestarán colaboración.
Desde el Arsobispado se entregó la documentación de una “investigación administrativa” en contra de los monjes Roque y Portillo a raíz de una denuncia penal.
“Está a punto de ser elevado a un tribunal eclesiástico y es anterior a la denuncia. Los hechos tienen que ver pero no son calcados, no se habló en principio de acceso carnal, se habló de temas vinculados, aparentemente no son delitos”, argumentó Gullé.
“No investigamos a la Iglesia como institución sino a solo dos sacerdotes. Hemos recibido el ofrecimiento del colaboración del Arzobispado”, afirmó.