10 de agosto de 2013 - 22:41

Momias de niños incas sacrificados

Tres momias incas encontradas cerca de la elevada cumbre del volcán Llullaillaco, en Argentina, estaban tan bien conservadas que dieron un rostro humano al antiguo ritual de capacocha, que terminaba con su sacrificio.

El cabello de la niña inca de 13 años conocida como “la Doncella” reveló señales de coca y alcohol que le dieron durante los meses previos a su ritual de sacrificio. El cuerpo congelado de la niña se encontró sepultado en una posición sentada cerca de la cumbre de un volcán de la actual Argentina.

El cabello de tres momias incas encierra evidencia de que una de ellas consumió gran cantidad de coca y alcohol un año antes de su muerte, que le pudieron haber dado como parte de un ritual que llevó a su muerte.

Los niños, encontrados en 1999 cerca de la cumbre del volcán Llullaillaco, en Argentina, probablemente murieron hace aproximadamente 500 años en un ritual de sacrificio conocido como capacocha. En el estudio, publicado en la revista Proceedings de la Academia Nacional de las Ciencias, investigadores encabezados por el arqueólogo Timothy Taylor, de la Universidad de Bradford, Reino Unido, usaron espectrometría de masa para analizar variaciones en niveles de residuos químicos en el cabello de los niños meses antes de su muerte.

Los investigadores buscaron subproductos de la metabolización de coca y alcohol (importantes en la cultura y rituales andinos) y descubrieron que los tres niños ingirieron ambas sustancias un año antes de morir. Pero la mayor, una niña de 13 años conocida como la Doncella, consumió mucho más que los niños de menos edad. El patrón de consumo sugiere que la serie de rituales que la preparó para su destino se inició aproximadamente un año antes de que la dejaran morir en la cima del Llullaillaco, de 6.739 metros de altura.

El nivel de metabolitos en su cabello, por ejemplo, aumentó aproximadamente un año antes de su muerte y después se disparó a niveles muy altos casi un mes y medio antes de morir. Su cabello registró el nivel de coca más alto que se ha encontrado en cualquier resto arqueológico andino, dice John Verano, antropólogo biológico de la Universidad de Tulane, en Nueva Orleáns.

“En las etapas finales de su vida, vemos un consumo de alcohol mucho más allá de cualquier exposición a la que hubiera estado acostumbrada, y un uso concurrente de alcohol y coca que muy probablemente sirvió como medio para sedarla”, dice Andrew Wilson, científico forense y arqueólogo de la Universidad de Bradford y coautor del documento.

Los resultados son consistentes con un estudio previo donde Taylor, Wilson y sus colegas mostraron que la dieta de la Doncella probablemente cambió para incluir más alimentos de status alto (como carne y maíz) aproximadamente un año antes de su muerte, sugiriendo que ser seleccionada para sacrificio le confirió un elevado nivel social. En contraste, los dos niños más chicos encontrados junto a ella tenían menos cabello bien conservado y fueron sepultados con artefactos que sugieren que no alcanzaron el mismo status que ella.

En conjunto, estos hallazgos indican que la Doncella pudo haber sido una aclla, una niña a la que le enseñaban a tejer y a fermentar chicha (cerveza de maíz) y que podía convertirse en sacerdotisa o esposa de un hombre políticamente importante. Las acllas también podían ser seleccionadas para sacrificio y éste parece haber sido el destino de la Doncella. Pudo haber sido escogida para sacrificio más o menos en su pubertad y después haber sido llevada a través de una serie de rituales durante meses de viaje desde Cusco, la capital inca, hasta su lugar de descanso final.

Otros investigadores dicen que aunque ya se sabía que éstas y otras víctimas del capacocha masticaban hojas de coca, el estudio de Taylor y Wilson combina técnicas forenses con conocimiento arqueológico para desarrollar un panorama completo de las actividades de los niños antes de su sacrificio final.

Al analizar una serie de segmentos de cabello en lugar de conducir todo un cuerpo de análisis con éste, los autores pudieron “determinar el consumo mensual de estas sustancias justo hasta el momento de su muerte”, dice Verano.

Verano señala que los descubrimientos también reflejan la importancia de tener acceso científico a restos humanos antiguos, cuestión que ha sido controversial entre algunas poblaciones indígenas.

“Es muy importante permitir el estudio científico de estos restos porque las técnicas cambian cada año y este tipo de estudio no se hubiera podido hacer ni siquiera hace un par de años”, agrega Verano.

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