Suele ocurrir que muchos intérpretes de canciones hacen adaptaciones a las mismas para buscar formas de diferenciarse de sus pares. Para eso, se mantiene la letra, la música es la misma, pero varían los arreglos y las armonías, acordes al estilo y registro de voz del intérprete.
En el gobierno argentino está pasando algo similar. Hay nuevos intérpretes con nuevas armonías, pero la letra y la música del relato siguen siendo las mismas. Tanto Capitanich como Kicillof muestran a diario estas adaptaciones. Es que están bajo el control estricto de la autora del relato, que les ha permitido adaptar el ritmo pero no quiere que le cambien ni la letra ni la música.
Capitanich había venido haciendo bien sus deberes. Había cambiado el estilo de comunicación -aunque no dijera nada importante-, prometía acciones dirigidas a una mayor racionalidad, habló de previsibilidad y usó algunas palabras que cayeron muy bien, tanto que muchos creyeron que estábamos ante un cambio.
Muchos, avezadamente, se atrevieron a pontificar acerca de la lectura del gobierno de los resultados electorales como la causa de este cambio que deparaba agradables cambios en los mecanismos del ejercicio del poder. Fue solo un exceso de entusiasmo.
Los sucesos ocurridos en Córdoba, más allá de las responsabilidades que le caben al gobernador De la Sota, mostraron que la enemistad personal con un gobernador puede llevarlos a condenar a toda una población, que además les votó en contra.
Fue tan grosero lo de Capitanich que justificó la falta de ayuda en el sistema Federal, el mismo que Cristina viola sistemáticamente reteniéndoles a las provincias el 15% de la masa coparticipable o fijando precios arbitrarios al petróleo, propiedad de las provincias, para subsidiar a las refinerías locales.
Capitanich, el gobernador que no tiene desempleo y con menor pobreza del país, cometió un error grave que llevó a que le empiecen a sacar sus propias cifras, algo parecido a un Indec social del Chaco.
El secreto es no cambiar
Hace algunos años, muchos banqueros y empresarios en Estados Unidos y Europa estudiaron cómo operaban los políticos en sus países, haciéndoles creer que hacían una cosa y luego hacían otra. A esta forma de actuar le llamaron “el efecto Maradona”.
Después de estudiar minuciosamente la jugada contra Inglaterra, en la que Diego, saliendo de la mitad de la cancha elude a más de 7 contrincantes para convertir un gol de antología, acuñaron esta frase para calificar a sus políticos.
Mirando en forma detenida y en cámara lenta la jugada, concluyeron que el 10 argentino había avanzado en línea recta y que se había desecho de sus marcadores con inteligentes movimientos de su cuerpo, que les hacía pensar que iría en otra dirección.
Con movimientos de cintura y torso a la izquierda o a la derecha y cambiando la pelota de pie, Maradona avanzó en línea recta hasta el arco inglés. Solo engañó a sus marcadores con pequeños movimientos o señales falsas.
Estudiando estos videos, banqueros y empresarios se dieron cuenta que los políticos les aplicaban la misma técnica del crack argentino. Y por eso están muy atentos a los mensajes y acciones de los políticos, bautizando sus movimientos con el nombre de Maradona.
Hasta ahora, el gobierno argentino no ha tomado decisiones sustanciales que permitan vislumbrar un cambio, solo hubo señales o gestos “maradonianos” pero todo se mantiene en la misma línea que con toda honestidad la Presidenta planteó en su primer discurso luego de su enfermedad: “Vamos a profundizar el modelo“.
Cerca del poder se cuenta que en una reunión sostenida a fines de la semana pasada, Capitanich y Juan Carlos Fábrega (presidente del BCRA) le propusieron a la Presidenta subir la tasa de interés y establecer un dólar financiero que permitiera el ingreso de capitales. Con el asesoramiento de Zanini y Kicillof, Cristina rechazó la propuesta.
Con esto basta para entender la forma en que, bajo una mirada de alto contenido ideológico, se pretende manejar una economía en la que los operadores tienen una lógica distinta a la del gobierno. Sería inútil discutir quién tiene la razón, pero lo cierto es que los operadores defienden su bolsillo y se anticipan bajo su lógica a un gobierno que pretende hacerles cambiar esa visión.
Esto es tan voluntarista como cuando Cristina y sus principales espadas salieron a militar en contra del ahorro atesorando dólares. Los argentinos, que han sido esquilmados tantas veces, tomaron este discurso como un aviso de que los iban a esquilmar de nuevo y, ante el cepo cambiario, salieron a comprar dólares a cualquier precio.
Lo que viene
Como se ve, no se pueden esperar grandes cambios. Los aumentos a los autos de lujo eran tan elementales que ni siquiera se consideran cambios.
El aumento de la tasa de percepción de Ganancias para compras en el exterior también se espraba, pero tampoco mueve la balanza.
El mercado sigue presionando y el “blue”, después de un pequeño repliegue, volvió a subir y lo hará hasta que el mercado tenga la percepción de que el gobierno está dispuesto a bajar la inflación con medidas serias, algo que no aporta el nuevo congelamiento de precios.
Están en una verdadera encrucijada. La única solución que tienen para bajar la inflación es eliminar subsidios o devaluar, pegándole un golpe a los bolsillos de los argentinos. Mientras tanto, para evitarlo, regalan dólares a precio oficial e inyectan dinero para financiar a los operadores la compra de dólares regalados.
Nunca hay que perder la esperanza, pero la línea dura del gobierno no parece querer entender. Está más preocupada por defender una idea ya fracasada que por buscar soluciones que eviten un colapso. No obstante, juegan haciendo fintas que ya todos han adivinado. Los operadores de los mercados también conocen el “efecto Maradona”.