20 de mayo de 2015 - 00:00

Miles de inmigrantes atrapados en barcos en el sudeste asiático

La muerte por el hambre, la sed y la violencia ya es común denominador entre los que huyen de Birmania y Bangladesh.

Al menos 2.000 migrantes acuciados por el hambre y la violencia se encuentran atrapados desde hace varias semanas en barcos frente a las costas de Birmania, informó este martes la ONU, en tanto Indonesia pidió un esfuerzo regional para hacer frente a esta crisis.

Mafias de traficantes de personas abandonaron sus cargamentos humanos procedentes de Birmania y Bangladesh frente a las costas del sudeste asiático, o los dejó a la deriva en el mar, puesto que una reciente ofensiva tailandesa cortó sus rutas habituales.

Casi 3.000 migrantes rohingya procedentes de Myanmar y Bangladesh han desembarcado en Indonesia, Tailandia y Malasia en los últimos días, tras haber sido abandonados en el mar.

Se estima que otros miles de personas navegan sin rumbo, con muy pocos víveres.

La presión internacional va en aumento para que los países del sudeste asiático abran sus puertos a estos barcos en lugar de reaprovisionarlos y empujarlos de nuevo al mar. Naciones Unidas y Estados Unidos han llamado a emprender una acción rápida en este sentido.

"Han estado atrapados durante más de 40 días en al menos cinco barcos cerca de las costas de Birmania y Bangladesh", dijo a la AFP la portavoz del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Vivian Tan. La agencia tiene datos que indican que a bordo "hay falta de comida, deshidratación y violencia", añadió.

En el sudeste asiático, el éxodo de migrantes de Bangladesh y Birmania que huyen de la miseria o las persecuciones se produce desde hace años, pero desde hace algunos días se ha hecho más visible, con las redes clandestinas desorganizadas tras la nueva política de mano dura de Tailandia contra los traficantes.

Muchos emigrantes lograron reunir entre 180 y 270 dólares necesarios para pagar a los traficantes y regresar al estado de Rakhine, en Birmania, donde viven cientos de miles de rohingyas, minoría musulmana considerada como una de las más perseguidas del mundo, explicó ACNURo.

Según los testimonios de los supervivientes, las condiciones a bordo de los barcos son "muy preocupantes", debido a la violencia y a la falta de comestibles y agua.

El lunes, Rangún, que se ha expresado poco sobre el tema, dijo "comprender la preocupación internacional" por la situación de estos emigrantes, entre los que se encuentran muchos rohingyas que huyen del país.

Un problema de todos

La presión de la comunidad internacional se ha incrementado sobre los países de esta región para que ayuden a los migrantes actualmente a la deriva en el golfo de Bengala.

Antes de las conversaciones previstas para el miércoles con sus homólogos malasio y tailandés en Kuala Lumpur, el ministro de Relaciones Exteriores indonesio, Retno Marsudi, consideró que la crisis es responsabilidad de todos.

“La cuestión de los migrantes no es el problema de uno o dos países, sino un problema regional”, declaró en Yakarta. “Esto también ocurre en otras partes. Es una problemática internacional”, añadió.

Cien muertos por peleas entre birmanos y bangladesíes

Al menos cien personas murieron en sangrientos choques entre rohingyas de Birmania y migrantes de Bangladesh, armados con hachas, cuchillos y barras de metal, en un barco varado frente a las costas de Indonesia, relataron sobrevivientes de ambos grupos.

La violencia estalló cuando comenzaron a escasear el agua y la comida, relataron supervivientes exhaustos, muchos de ellos con marcas de golpes y heridas, instalados en un campamento en la provincia de Aceh.

Algunos de los supervivientes, que forman parte de los 3.000 rohingyas y bangladesíes que han llegado en las últimas semanas a Indonesia, hablan de hasta 200 muertos.

Muchos de los supervivientes se salvaron porque saltaron al agua cuando estallaron los encarnizados enfrentamientos y fueron socorridos por pescadores locales, que los llevaron hasta la costa.

Los rohingyas y los bangladesíes se acusan mutuamente de haber iniciado los enfrentamientos.

“De repente los bangladesíes salieron de la cubierta y atacaron a todos los que estaban en la parte superior del barco” dijo un migrante rohingya, Asina Begun, de 22 años, instalado en Langsa, un pueblo de Aceh, donde se encuentra la mayoría de los migrantes.

“Los que querían salvar sus vidas tuvieron que saltar al mar, pero mi hermano no pudo. Cuando lo encontraron, lo golpearon, lo degollaron y lo arrojaron al mar”, afirmó Begun.

En cambio, testigos bangladesíes dijeron que los rohingya, una minoría musulmana perseguida en Birmania, eran favorecidos por el capitán del barco, que les daba casi toda el agua y la comida, y que fueron atacados cuando pidieron que se compartieran los víveres.

Mohammad Murad Hussein, un bangladesí, contó que los rohingya se encontraban en la cubierta superior del barco y los bangladesíes, que formaban la mayor parte de los pasajeros, se encontraban en una cubierta inferior.

Los rohingyas trataron de impedir que los bangladesíes subieran a la cubierta superior, atacándolos con hachas y agua caliente, dijo Hussein, 30 años.

“Desde el puente superior nos tiraban agua caliente y agua mezclada con pimienta y los que lograban subir eran atacados con cuchillos”, contó Hussein al tiempo que mostraba su cuerpo cubierto de cicatrices.

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