19 de mayo de 2014 - 22:26

Miguel Brascó y el vino

Sabía mucho de vinos y también de comidas. A punto tal que las grandes cadenas de hoteles solían contratarlo para establecer los mejores maridajes de acuerdo con los platos tradicionales de cada país.

Tenía una pluma ácida pero veraz y matizaba sus notas con las miles de anécdotas que fue cosechando a lo largo de los años. A pesar de su gran cultura y de sus excelentes conocimientos, utilizó términos llanos, fáciles de entender y dejó frases realmente valorables, como cuando señaló que “el mejor vino es el que a uno más le gusta” o cuando afirmó que “si a usted le gusta el vino con soda, no se haga problemas, agréguele soda, si fue así como nos enseñaron nuestros padres y abuelos a tomar vino”.

Brascó fue un enamorado de Mendoza y cosechó amigos entre los bodegueros. Era habitual su presencia en la Cena de las Reinas en la bodega López o en almuerzos particulares de Adriano Senetiner o de Manuel Mas. Con sus notas, con sus libros y con su programa en televisión, Brascó también contribuyó, sin dudas, al crecimiento que la industria logró en las últimas décadas.

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