18 de mayo de 2019 - 00:00

Michelangelo Infinito: el milagro en primera persona - Por Daniel Arias Fuenzalida

El documental resalta por su registro detallado y asombroso de las obras más importantes de Miguel Ángel.

Era Walter Benjamin quien remarcaba que una de las virtudes y grandes potencialidades expresivas de la fotografía (y el cine) era poder captar aquellas cosas a las que el ojo humano no llega: los intersticios entre las cosas, los pequeños detalles, la revelación de algo conocido que, por medio de un haz de luz o un montaje, volvemos a significar. Emanuele Imbucci, director de “Michelangelo Infinito” (un documental con fragmentos ficcionalizados que actualmente se proyecta en el Cine Universidad), supo muy bien esto cuando quiso hablar del célebre artista italiano, pero sin ser reiterativo.

Porque lo que saca a este filme del simple documental biográfico en torno a Miguel Ángel Buonarroti es la pericia con la que nos invita a redescubrir su milagrosa obra. Paneos sobre sus grandes frescos, el plano detalle sobre las formas del mármol, el relieve de las venas o las telas esculpidas, que admiramos en todo su esplendor gracias a un delicado trabajo de luces y sombras. Todo ello con explicaciones y música especialmente compuesta que, aunque a veces no esté a la altura de la imagen, suma en la percepción global. Esas contadas secuencias valen el documental.

En relación a las partes ficcionalizadas, es Enrico Lo Verso quien interpreta a un Michelangelo que monologa y va contando su historia y sus emociones. Con palabras que, intuimos, fueron escritas por el propio artista alguna vez (si es así, fue un error documental no decir de dónde provienen). Por otra parte, Ivano Marescotti interpreta al artista e historiador Giorgio Vasari, que nos presenta al escultor de “La piedad” y nos da un punto de vista externo sobre su figura. Aunque se agradezca el contrapunto, la sensación es de estar viendo un homenaje ya visto.

En este sentido, “Michelangelo Infinito” es pródiga en bellas imágenes, que juegan con claroscuros, reflejos y metáforas visuales, pero el guion se cierra demasiado sobre la figura del artista, sin ofrecer verdaderos puntos de contacto con el contexto del artista y la voz propia del director. Desde este punto de vista, el documental se agota rápidamente.

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