18 de febrero de 2018 - 00:00

Mercados alterados no aptos para tomar decisiones - Por Rodolfo Cavagnaro

Muchos movimientos en poco tiempo terminan alterando los ánimos y llenando de dudas a los ahorristas.

Los mercados mundiales están alterados y eso se traslada a la Argentina, donde recurrimos a movimientos nerviosos ante cualquier alteración.

Ahora, que tenemos mercados fluctuantes y de mucha volatilidad, todo el mundo tiene la preocupación de tratar de tomar decisiones para "no perder", cuando en realidad, no es lo aconsejable.

Nadie sabe cómo comenzó, pero se esgrimen muchas explicaciones, tanto para explicar lo que ocurre en Estados Unidos, como lo que sucede en Argentina, y aparecen razones concurrentes que explican las consecuencias sobre nuestro mercado.

En Estados Unidos todo comenzó como una típica "toma de ganancias", que es cuando los operadores consideran que han ganado suficiente y es hora de recoger las mismas y protegerlas. La bolsa de Wall Street había acumulado ganancias promedio del 100% en un año y un 50% en los últimos 4 meses. Lo que ocurrió es que la salida fue masiva y eso generó bruscas caídas.

Luego vinieron otras explicaciones, entre las que se cuentan que los datos de la economía mostraban mucho dinamismo y eso era una señal para animar a la Reserva Federal a subir las tasas. Tanto fue el movimiento que, siendo la tasa de la FED 1,5%, los operadores hicieron subir la tasa de retorno de los bonos de 2,30 a 2,80 en una semana.

Hace algo más de una semana se conoció una caída importante en los pedidos de subsidio por desempleo, que es un indicador de la dinámica de la economía, lo que sumó a los argumentos de los operadores. Ese miércoles, se informó que la inflación subió un 0,5% en enero, lo que aumentó el temor de los operadores de que la FED decida hacer más de tres subas de la tasa, como se anunció.

Si bien la inflación estructural (la core inflation) se mantuvo en los mismos niveles, la disparada del resto puso nerviosos a los operadores, que esperaban 0,3 ó 0,4%. En estos términos habrá que ver cómo reacciona la FED con la nueva conducción.

El nerviosismo argentino

Lo nuestro comenzó con la decisión del gobierno del 28 de diciembre pasado de modificar las metas de inflación. La lectura del mercado era que, además de buscar una baja en las tasas, lo que el gobierno quería era que aumentara el valor del dólar. Esto llevó a que, en dos sesiones consecutivas, el Banco Central bajara la tasa un 1,5%.

Esta decisión del gobierno comenzó a mover el mercado y algunos fondos internacionales decidieron salir de las posiciones en Lebac para pasarse a dólares y salir del mercado. Pero la abundancia de dólares seguía porque el gobierno ingresó 9.000 millones por nuevos bonos emitidos a principios de enero.

Esto hizo que la cotización de la moneda norteamericana subiera un 13% desde enero, aunque se aceleró en los últimos días. No obstante, desde enero de 2017 el peso se ha devaluado un 25%, casi lo mismo que el registro de inflación de todo el año pasado, con lo cual recuperó una parte importante del atraso perdido.

En el caso argentino también influyó lo que ocurrió en Estados Unidos. El comportamiento de la Bolsa argentina copió la misma curva que la neoyorquina y los operadores locales, además de seguir el comportamiento del mercado local, no dejaban de mirar con atención lo que ocurría en el país del Norte.

Esta semana pareció más tranquila. A pesar del anuncio de la inflación de enero en EE.UU., los operadores valoraron que la inflación estructural se haya mantenido, lo que significa que la FED podría mantener su pauta de tres aumentos al año. Además, el hecho de que el Banco Central no haya bajado la tasa, también ayudó a tranquilizar a los mercados.

Por estos días dicen que el gobierno quiere mantener el dólar cerca de los 20 pesos, al menos hasta abril cuando concluyen la mayoría de las negociaciones salariales. Este objetivo tira por tierra los discursos defendiendo un mercado libre. En realidad, el mercado se estabiliza cuando hay un equilibrio entre la oferta y la demanda.

Pretender fijar un valor del dólar que el convenga a alguien, alterando las reglas del mercado puede producir distorsiones que, más tarde o más temprano, el mismo mercado se encarga de poner en su lugar. Lo razonable es que, con una inflación que no cede, la cotización del dólar, como cualquier bien o mercadería, vaya siguiendo el ritmo de la inflación en forma suave.

La duda surge con las tasas de interés del Banco Central, herramienta utilizada para frenar la inflación y también ponerle un techo al dólar. En realidad es una herramienta que no dio resultados. Con una tasa elevada seguimos con inflación alta pero frenamos la economía y eso no es aconsejable.

Con una tasa que sea superior a la inflación se atrae a los inversores, mientras que, los que solo buscan renta, no se tirarán sobre el dólar porque daría menores rendimientos. En cuanto a los plazos fijos hoy son un interrogante. Los bancos están poco líquidos y dado que el Tesoro está emitiendo letras ajustables por inflación están haciendo grandes colocaciones pero no queda mucho para el crédito privado.

Durante enero se registró un aumento de los depósitos a plazo fijo del sector privado, sobre todo de empresas, porque los bancos salieron a ofrecer tasas muy altas para grandes colocaciones, que en algunos casos llegó al 24%. Si bien el promedio marca un 22%, el dato sobresale porque pocas veces los plazos fijos han estado tan cerca de los cálculos inflacionarios.

Por ahora la mayor preocupación está centrada en la inflación. Si bien se sabe que los números generales darán altos (cerca del 2% en enero y un 6% acumulado en el primer trimestre) lo que quieren saber los operadores es el comportamiento de la inflación núcleo (la que se calcula sacando productos estacionales y regulados).

La mayor preocupación es saber si habrá o no una coordinación seria entre la política monetaria y al fiscal. Es que a los desencuentros entre el Banco Central y algunos funcionarios del ala política y del equipo económico se le han sumado hechos que tienden a confundir.

Mientras el Banco Central se abstuvo de intervenir mientras el dólar escalaba, el banco nación, por orden del ministerio de Finanzas, salió a vender dólares el viernes pasado. Como los operadores del Nación no son expertos, como lo son los del Central, vendieron 400 millones de dólares pero no consiguieron más que evitar una suba mayor pero no lo hicieron bajar.

Debe quedar claro que es necesario evitar superposiciones que no ayudan para nada sino que tienen a confundir a los operadores y a los ahorristas.

Si el Banco Central sostiene la flotación libre debe operar en ese sentido y nunca debe decir cuáles son sus objetivos de techo o piso. Esas son estrategias que no deben anunciarse para no facilitar el juego de los especuladores ya que tiene reservas suficientes como para marca la cancha.

Lo que no se debe aceptar es que haya intromisiones que pretendan conseguir un valor que les convenga a ellos. Ya sean funcionarios, empresarios o inversores. Como se ve, el mercado sigue alterado y lo conveniente no es hacer movimientos locos. Más bien, hay que tomar decisiones con la cabeza fría. Es mucho más sano para el bolsillo y para la salud.

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