Menelik Cambiaso: “No me arraigo a ningún lugar”

Menelik Cambiaso: “No me arraigo a ningún lugar”
Menelik Cambiaso: “No me arraigo a ningún lugar”

A los 20 años comenzó un camino en la escena con grandes como Valeria Lynch, Pepe Cibrián y Julio Bocca.

Los comienzos de Menelik Cambiaso en la actuación y la danza se pueden comparar con un boomerang que no para de girar. Es que con 20 años, el mendocino empezó un prospero camino en la comedia musical que ni él imaginaba.

Desde pequeño, el Coro de Niños y el Coro Juvenil fue el espacio donde Menelik puso a prueba su capacidad para el canto. Y en paralelo, el deporte ocupó gran parte de su tiempo con el que forjó la disciplina propia de un deportista de alto rendimiento.

Al finalizar la escuela secundaria ganó una beca para participar de un Congreso de Comedia Musical, de la mano de la escuela de Valeria Lynch. Y ese fue el puntapié que lo marcó para dedicarse de lleno a las artes escénicas.

"Gracias a esa beca descubro el teatro musical. Y al volver a Mendoza quise continuar con mi formación. Justo en ese momento va a Mendoza Pepe Cibrián y hace una audición para su musical 'Otelo', donde participaban artistas locales. Quedé seleccionado, pero a la vez fue una audición encubierta, para hacer en Buenos Aires 'Las mil y una noches'. Y a mediados de 2009 me instalé definitivamente en Capital", comenta el joven de 29 años, que participó de algunas ediciones de la Fiesta Nacional de la Vendimia y toda su carrera escénica la desarrolló en Buenos Aires.

El año pasado recibió una nominación en los Premios Hugo a Mejor Intérprete Masculino de Ensamble por su actuación en "Sunset Boulevard", el musical éxito protagonizado por Valeria Lynch. Y actualmente conforma el elenco de A chorus line", la obra dirigida por Ricky Paskus en el teatro Maipo, que goza de gran convocatoria en la cartelera.

-Si mirás tus comienzos da la sensación de que estuviste en el momento adecuado para que se te dieran todas las oportunidades juntas.

-Sí, tuve esa suerte. Y aunque físicamente estaba preparado, tuve que dejar toda mi vida, el deporte, todo, para ponerme a tono con la comedia musical. Y paralelamente a que estaba haciendo el musical, audicioné para la escuela de Julio Bocca, que me terminó otorgando una beca para estudiar en su estudio, con un apoyo económico también. Fue como una trompada de información de golpe para mí, que no venía de la comedia musical ni de la danza.

-¿Cómo fue este tránsito de dedicarte cien por cien a la comedia musical?

-Me gustan los desafíos. Y en el deporte no tenía oportunidad de continuar porque era muy difícil vivir de él. Con un poco de ingenuidad vi que tenía un nuevo desafío que podía enfrentar a nivel corpóreo y estudiar fuera de mi provincia con la comedia musical.

Siempre quise ser cantante, entonces era una oportunidad de abarcar ese mundo.

Si bien podía seguir trabajando con Pepe, hacer giras y otros proyectos, recién empezaba en la comedia. Entonces pensé: “Si con 20 años logré esto, sin tener un conocimiento real de la disciplina, tenía que entrenarme y formarme para continuar en ese camino”. Es una filosofía que me inculcó el judo, un deporte que practiqué desde chico.

-Has hecho grandes musicales, incluso con una nominación a los Premios Ace. En ese proceso, ¿cómo fue enfrentar ese mundo desconocido?

-Algo que me inculcaron desde el comienzo es que el artista tiene que aprender a convivir con la frustración. Por eso las continuas audiciones son una prueba más. Tuve la suerte de que en algunos lugares y proyectos me aceptaron de la mejor manera, como la escuela de Julio Bocca, el Teatro San Martín, el Teatro Colón. Y a partir de ahí ponerme a prueba. En mi primer año con Julio Bocca terminé trabajando en su ballet hasta que él se fue a Uruguay. Y después pasé al San Martín y luego tuve una de las primeras audiciones grandes para un musical en Broadway que fue “Los locos Adams”. Por suerte me mantuve hasta el día de hoy.

-¿Cuál creés que es tu particularidad como actor y bailarín en el escenario?

-Me distingue la perseverancia y no bajar los brazos. Y haberme entrenado pese a que comencé muy tarde, porque empezar a bailar a los 20 años no es fácil. A mí el no poder hacerlo me motiva más a intentarlo. Yo canto de toda la vida y el baile lo descubrí después, pero encontré una veta artística que va de la mano.

También la precisión con la que ejerzo las distintas áreas, como el canto, la actuación. La intensidad, soy un actor que no marco nunca y doy el cien por ciento. Y si no me sale lo intento hasta que salga. Y hay que saber engranar estas tres áreas, porque no se trata de tener solo estado físico, sino de tener consciencia de lo que estás representando.

-Participaste en el espectáculo del G20 en el teatro Colón, ¿qué significó para vos?

-Sí. Porque a pesar que ya había bailado en el Colón fue un evento particular, que ponía a la Argentina a nivel mundial. Porque independientemente del color o partido político que seas, estábamos en los ojos del mundo, con los mandatarios más importantes del mundo en nuestro país.

Creo que a nivel general no nos sentimos intimidados, sino que buscamos dar lo máximo. Y de hecho por televisión no se vio ni la mitad de lo que se vivió ahí. A nosotros mismos nos emocionó estar en el escenario. Volver a encontrarme con Julio Bocca, tenerlo a Ricky como director y compartir con muchos compañeros fue un hermoso encuentro.

-¿Se te abrieron puertas para trabajar en el exterior?

-Sí. Estudié en Estados Unidos, en la escuela Jacob’s Pillow en 2011. Y el año pasado me gané una beca para hacer un máster de arte en Nueva York, pero aún no lo hago porque estoy con este musical en Buenos Aires y la beca es por dos años. Es un proyecto que tengo pendiente y una oportunidad única. Porque es un máster para extranjeros que te permite trabajar en Broadway. Cuando me presenté en las audiciones no sabía que existía esa beca y me sorprendí cuando la gané.

-¿Tenés pensando volver a Mendoza en algún momento?

-En algún momento me tocará volver. Ahora mi llama está encendida y la antorcha está en su máximo esplendor. Luego me tocará la hora de pasar esa antorcha. Por eso me quiero formar a lo máximo y si se me da una oportunidad de volver a Mendoza será un placer. No me arraigo a ningún lugar pero sí me va a gustar regresar.

-Tenés un extenso recorrido en pocos años, ¿cuál es tu filosofía para lograr tus metas?

-Uno tiene que estar siempre al filo de la navaja, porque las nuevas camadas vienen con más información. Y en la danza uno tiene que reavivar esas ganas. Siempre digo que si yo pude empezar a esa edad, cualquiera puede intentarlo.

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