Parece que fue ayer cuando el telón del Teatro del Bicentenario se abrió por primera vez. Fue en octubre del 2016, con una producción de "Carmina Burana" que tuvo, entre otras presencias notables, la de la compañía española La Fura dels Baus. Orgullo para San Juan, e hito absoluto para la región.
Su primera temporada, sin embargo, fue recién al año siguiente. Desde entonces, el imponente edificio, que puede albergar a unas 1129 personas en el público, se convirtió en un faro cultural.
Ciertamente, hay instituciones que con el paso del tiempo dejan de ser simplemente espacios de programación para convertirse en una forma de pensar la cultura. Y el Bicentenario forma parte de ellas. Prueba de ello son algunas de las producciones que salieron completamente de él, como la primera versión en español de "La flauta mágica", reconocida por el propio Mozarteum de Salzburgo, autoridad absoluta a la hora de custodiar el legado de Mozart.
A diez años de su inauguración, ha alcanzado el estado de una usina de alto estándar: no tanto por ser magnífico edificio donde ocurren cosas artísticas, sino por pensarse como un dispositivo que organiza sentidos, repertorios y, sobre todo, infunde orgullo en los sanjuaninos y, ¿por qué no?, en todos los cuyanos.
Es en este marco celebratorio que días atrás se presentó oficialmente la nueva temporada 2026. Una agenda que no elude la lógica de la conmemoración, pero tampoco se limita a ella. Más bien propondrá durante ese año seguir cimentando el papel de una institución que, en relativamente poco tiempo, logró instalarse como uno de los centros de producción más activos del interior del país.
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El año había comenzado, significativamente, con la presencia de la saxofonista Melissa Aldana en el marco del Festival de Jazz. Los mendocinos recordarán que el año pasado, la chilena cerró el Mendoza Sax Fest. Durante este mes de marzo, también se vio "Reflejos de Macondo", una propuesta que tomó como punto de partida el universo de Gabriel García Márquez y su "Cien años de soledad" para construir una experiencia que se anunció como sensorial.
En abril, en cambio, las propuestas irán por la Semana Santa y la argentinidad. Por un lado, se presentará la "Crocifissione e Morte di Nostro Signore Gesù Cristo", cantata con música del compositor barroco italiano Alessandro Stradella, que destaca ser gratuita en el marco de Semana Santa. Los conciertos serán los días jueves 2, viernes 3 y sábado 4 de abril, con funciones en dos horarios, a las 17.30 y 19. Eso sí: con cupos limitados.
Por otra parte,"Mujeres Argentinas", la emblemática obra de Ariel Ramírez y Félix Luna, volverá a sonar con una producción integral del propio teatro, que incluirá danza, artes plásticas y más de 60 artistas en escena. Aquí el acento está puesto en la relectura de un clásico que quedó en el imaginario popular con canciones como "Alfonsina y el mar", "Dorotea la cautiva", "Gringa chaqueña" y "Juana Azurduy". Será el sábado 25 de abril, a las 21; el domingo 26 de abril, a las 20 y el sábado 2 de mayo, a las 21, con entradas que están disponibles desde ayer en Tuentrada.com.ar.
De mayo en adelante en el teatro
Las Galas Patrias de mayo y julio, por su parte, insisten en una línea ya consolidada: la de pensar las fechas fundacionales como episodios que, a través de la escena, pueden emocionar al público.
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Gentileza de Adrián Carrizo.
En junio, se repondrá "Carmina Burana" en la versión coreográfica de Mauricio Wainrot. La célebre cantata profana de Carl Orff, que como ya vimos tiene un significado muy especial para este escenario, volverá a verse con la coreografía del eximio maestro argentino, que este año cumplirá 80 años.
"El Brote", de Emiliano Dionisi, con Roberto Peloni, también regresa en julio. La obra indaga en los límites entre ficción y realidad.
Agosto desplaza el eje hacia la música contemporánea y coral, con el Festival Cuyo Contemporáneo y el encuentro “En el canto hay unidad”. La presencia de Los Nocheros, en ese mismo mes, introduce otra dimensión: la de un escenario prestigioso, diseñado para la música acústica, que no teme abrirse para los géneros populares.
Septiembre aparece como un mes de propuestas diversas. Por un lado, "Moliendo a Molière", también dirigida por Dionisi, se inscribe en un programa orientado a la niñez y la adolescencia. Más que una línea secundaria, se trata de una apuesta estratégica: la formación de públicos como política cultural. La gratuidad de las funciones para miles de niños de la provincia es nada menos que invertir en el futuro del propio teatro. Por otro lado, la programación incorpora también propuestas como La Delio Valdez, con su celebración del baile y la identidad popular. Elena Roger, acompañada por Nicolás Guerschberg, propondrá también un concierto íntimo, que repasará su amplio repertorio.
Octubre devuelve el foco a la lírica con "La Traviata", de Giuseppe Verdi, en una producción del Teatro Colón. La elección no es casual: se trata de la misma obra que abrió la primera temporada de 2017 (en aquella oportunidad, puesta firmada por Willy Landin que también pasó por Mendoza). Sin embargo, hay que apuntar que, si un género perdió presencia en estos diez años, ha sido la ópera: el Bicentenario nació con la idea de ofrecer, como los grandes teatros, una temporada propia de ópera y ballet, apelando a las coproducciones e incluso a producciones íntegramente propias. Sin embargo, esta ambición fue perdiendo fuerza (o presupuesto) con los años.
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Noviembre vendrá con algunos de los puntos más altos de la temporada: el estreno de otra producción ciento por ciento original. Se trata de "Brothers", inspirado en la correspondencia entre Vincent van Gogh y Theo van Gogh, que reafirma la vocación del teatro por generar nuevos materiales. Por otro lado, el Bicentenario recibirá la visita del Ballet Estable del Teatro Colón, dirigido por Julio Bocca, que estará a cargo de "El lago de los cisnes". El archifamoso ballet, que abrió la temporada del Colón días atrás, contará con la puesta de ese teatro y, por supuesto, orquesta en el foso.
El cierre, en diciembre, con Dios Salve a la Reina (la famosa banda homenaje a Queen) y el concierto de La Camerata, parece sintetizar esa convivencia de registros: lo popular y lo académico, lo global y lo local, lo espectacular y lo íntimo.