Un libro recién editado indaga en las particularidades históricas de nuestra provincia entre 1831 y 1852. Y sostiene que como contaba con un perfil político-institucional avanzado, a diferencia de otras provincias, evitó que sus líderes se eternizaran en
Mendoza, la provincia sin caudillos
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A diferencia de la mayoría de las provincias autónomas reconocidas en la etapa de la Confederación Argentina (1831-1852), Mendoza contaba en ese período con un avanzado status político e institucional: sala de Representantes, Justicia y un gobernador al cual no se le permitían más de seis años de mandato. En el resto del país, en cambio, mandaban caudillos como Nazario Benavídez (San Juan) y Juan Manuel de Rosas (Buenos Aires).
En éste y en otros tantos detalles de la época indaga el libro “Mendoza Federal. Entre la autonomía provincial y el poder de Juan Manuel de Rosas”, de Hernán Bransboin. El autor es doctor en Historia y aunque nació en Resistencia (Chaco) y vive en Buenos Aires, decidió realizar su tesis doctoral con un estudio jurídico-político sobre nuestra provincia. La investigación, que le llevó más de seis años, fue ahora editada en forma de libro.
“Mi relación con Mendoza comienza en 2006 luego de encontrar un texto muy antiguo que planteaba la independencia mendocina en tiempos de la Confederación por un tratado comercial con Chile”, recordó el historiador. El dato llamó su atención, por lo que decidió abocarse al tema.
“Viajé a Mendoza varias veces, trabajé en el Archivo Provincial, en el Archivo Legislativo y traté de reconstruir la vida política de ese período”, detalló. A través de su indagación pudo verificar que en ese tiempo la provincia se constituía como un caso excepcional.
“Cuando en el resto de la confederación había muchísimos caudillos que concentraban todo el poder y que estaban eternamente en él, eso en Mendoza no existía”, expuso.
En ese entonces -sobre todo en la primera década del período estudiado- la organización política de la provincia se veía reflejada en la Sala de Representantes.
“Tenía un rol muy importante porque a diferencia de otras provincias las facultades extraordinarias, que eran la suma del poder, no se le delegaron al gobernador”, remarcó Bransboin, y detalló que estaba formada por un elenco estable que representaba a las familias más importantes de la época.
“Esa sala marcaba el paso de la vida política, legislaba y determinaba las facultades que tenían el gobernador y la justicia”, remarcó.
El mandatario mendocino tenía un mandato de tres años y podía ser reelecto una sola vez. “Entonces no vamos a encontrar a un Quiroga, a un Benavídez o a un Rosas que ostentaban todo el poder, sino que evidentemente el gobernador de turno tenía que negociar, conciliar con ese espacio que era elitista”, precisó Bransboin.
En cuanto a la Justicia, no tenía un ideal independiente como se da hoy, sino que era dependiente del mismo gobernador. “Ese aspecto era parte de la cultura de la época, se daba en todo el país, América Latina y seguramente en España también”, aclaró.
Para el historiador, el único gobernador que podría haberse perpetuado en el poder como un caudillo fue José Félix Aldao, un líder militar que usualmente condicionaba al gobierno de turno (ver aparte). “Él gobernó desde el ‘40 pero en el ‘44 murió. Queda como un misterio saber qué hubiera pasado si vivía”, deslizó.
Influencia rosista Si bien Mendoza en un principio se mantuvo autónoma, en la década de 1840 el autor reconoce la influencia de Rosas y sus ideas en la provincia: "La vida política mendocina empieza a parecerse cada vez más a lo que Rosas entiende como vida política. La Sala de Representantes se va desdibujando y el poder del gobernador se va haciendo más importante".
Un detalle que permitió concluir que este apoyo local a Rosas y al federalismo “fue mentiroso y por conveniencia”, fueron dos documentos muy importantes a los que tuvo acceso: “En enero de 1852, antes de producirse la batalla de Caseros y la caída de Rosas, la Sala de Representantes firma documentos jurándole lealtad y planteando que Urquiza era un loco traidor. La misma sala, a los tres días de la caída de Rosas, saca otro documento festejando la caída del tirano y ensalzando a Urquiza”, explicó.
En su libro, Bransboin también cuenta que Mendoza tenía una tensa relación con sus vecinos, tanto con San Juan y San Luis como con Chile. “Con San Juan se daba de múltiples formas; un ejemplo de ello fue cuando se produce la creación del obispado de Cuyo en 1834. Se determina que la sede de la catedral se va a ubicar en San Juan, lo cual era inadmisible para los mendocinos”, narró.
Para evitar la situación, desde nuestra provincia se trata de negociar para que se mude la sede o se cree otro obispado. “La situación generó muchos conflictos y Mendoza salió desfavorecida porque no se produjo el cambio planteado por los mendocinos”, añadió el autor de “Mendoza Federal”.
En el caso de San Luis, la enemistad estaba dada por factores económicos. “Allí se cobraba un impuesto al tránsito de los productos mendocinos hacia Buenos Aires, lo que generaba un encarecimiento muy grande de los precios”, detalló el historiador. A raíz de ese hecho, la elite mendocina interfirió directamente en los asuntos puntanos y hasta generó la caída de un gobernador, lo que luego se revirtió por la intervención de Rosas.
Con Chile el factor que tensó la relación fue un reclamo del gobierno del país vecino para que sus conciudadanos que vivían en Mendoza estuvieran exceptuados de participar de las milicias. “Un cónsul chileno en Mendoza difunde una documentación que habilita la exención de los ciudadanos chilenos a incorporarse en las tropas mendocinas, pero los sargentos locales no respetaron el mandato y los obligaron a incorporarse igual”, recordó Bransboin.
Mientras tanto, el pueblo mendocino estaba enojado con los ciudadano chilenos que habitaban estas tierras, que se calculaban en un tercio del total de la población. “En esa coyuntura hubo mucho asesinatos de chilenos, mucha violencia que evidentemente mostraba una gran animadversión”, destacó el autor chaqueño.
El fraile Aldao
El general Félix Aldao se encuentra entre los personajes controvertidos de nuestra historia. Formó parte del Ejército de los Andes como capellán (ya que era fraile dominico) del regimiento de Granaderos a Caballo, pero se destacó peleando en uno de los primeros combates en territorio chileno.
Fue allí que dejó el hábito y decidió ser militar. Acompañó a San Martín en toda la campaña libertadora de Chile y Perú. Su personalidad determinó un “caudillo”.
Según publicó Los Andes en “Las dos campanas de la historia”, para algunos historiadores con tendencia “Unitaria” fue un tirano que ejecutó a sus adversarios y subyugó a la mayoría de los habitantes de Mendoza. En cambio otros, con tendencia “Federal”, afirman que Aldao gobernó con cierta prolijidad y no tuvo participación en asesinatos o vejaciones a sus enemigos.
El 16 de marzo de 1842 se convirtió en gobernador de la provincia de Mendoza. El 23 de julio de 1844 fue reelecto gobernador pero, por un quiste facial, falleció el 19 de enero de 1845.
El libro y su autor
“Mendoza Federal. Entre la autonomía provincial y el poder de Juan Manuel de Rosas”, publicado por editorial Prometeo, fue presentado ayer -durante las Jornadas Interdisciplinarias de Investigaciones Regionales “Enfoques para la Historia”- en el CCT Mendoza.
Su autor, Hernán Bransboin, es doctor en Historia y actualmente reside en Buenos Aires. “Se trata de la una reconstrucción desde 1831 a 1852 que al mendocino le va a interesar, fundamentalmente porque va a encontrar cuestiones que tienen que ver con la cultura política local y que de alguna manera permite entender la historia mendocina en general”, describió.
Según su visión, se puede comprobar una cultura política mendocina que va más allá del período y que uno puede reconstruir -quizás muy ambiciosamente- hasta el día de hoy.