6 de noviembre de 2013 - 01:36

Mendoza desde lejos, una mirada masculina

A menudo leemos interesantes informes sobre la ciudad de Mendoza, en los que nos cuentan sobre la calidez de su gente, la conmovedora belleza de sus espacios verdes producto de la mano del hombre, sus veredas limpias, la peculiaridad de sus acequias sus hermosas calles arboladas y lo acogedora que es su avenida peatonal.

Pero, ¿cómo ven a Mendoza los que llegan desde lejos? ¿Qué experimentan los que permanecen en la ciudad unos pocos días?

Siempre he encontrado semejanzas entre las ciudades -en las que he vivido o visitado- con las mujeres del siglo XXI.

Hay ciudades como Nueva York, Frankfurt, Miami o Tokio que nos abruman y maravillan por sus características individuales tanto lo relacionado con su belleza, su trazado, la intensidad de su devenir diario, el número inusitado de sus habitantes, la riqueza de sus edificios y la modernidad de sus avenidas y medios de comunicación.

Son ciudades que nos fascinan y que una vez que las hemos visitado, deseamos regresar. Sin embargo, jamás se nos ocurriría vivir en ellas porque, si lo hiciéramos, modificaríamos profundamente nuestro estilo de vida. Al igual que esas mujeres que nos impresionan por su belleza, su inteligencia, su independencia y su capacidad de liderazgo, jamás se nos ocurriría casarnos con ellas y formar un hogar. Mujeres así las preferimos como CEOs de una multinacional.

Hay otros centros urbanos que nos encanta conocer por la riqueza de su historia y la antigüedad de sus edificios y contenido de sus museos. Son ciudades como Lima, Teherán en Irán, Yakarta en Indonesia o El Cairo.

Sin embargo, tampoco allí estableceríamos nuestro domicilio permanente por razones culturales e idiomáticas. Son como aquellas mujeres sabias que brillan con luces propias en los ámbitos académicos y científicos y que han consagrado su vida a esas especialidades con magníficas habilidades y sorprendentes conocimientos.

Existe otro grupo de ciudades que alguna vez visitamos por razones profesionales o laborales. Nos prometemos no regresar nunca más a ellas, bien porque son opacas, tristes y monótonas como la capital de Albania (Tirana) y Pionyang (Corea del Norte) o por la carencia de la infraestructura mínima adecuada incluyendo plazas, parques o calles asfaltadas. Un ejemplo de esas características es Karthoum (Sudán).

Encontramos también aquí semejanzas con el sexo débil del siglo XXI. Es casi imposible evitar a lo largo de nuestra vida en los ámbitos profesionales y laborales compartir espacios con mujeres -e incluso hombres- con características peculiares que no sentimos propias.

En cambio, un cuarto grupo de núcleos urbanos nos motiva a visitarlas por su prestigio o su popularidad; empero, después que lo hacemos, no sentimos voluntad de regresar, mucho menos de escogerlas como lugares de residencia permanente. Es como si todo lo que necesitábamos saber lo lográramos con una única visita.

En ese grupo habitan ciudades muy diferentes en tamaño e importancia. Allí están Moscú, Pekín, Bombai en India, Detroit en EEUU, Reikiavic en Islandia, la caribeña Bridgetown en Barbados, Johannesburgo en Sudá-frica, Tijuana en México o Bangkok en Tailandia.

La semejanza con el mundo femenino se da en el caso reiterado de aquellas colegas y compañeras de trabajo con quienes hemos compartido etapas enteras de nuestro quehacer laboral en una cordial y constructiva relación profesional, pero que nunca volvimos a ver por carencia de afinidades.

Una quinta clasificación de ciudades que encuentra semejanza con las damas del siglo XXI son en mi opinión aquellas con las que nos sentimos rápidamente consustanciados. Son centros urbanos que visitamos y nos motivan para quedarnos allí como residencia permanente.

Aquí encontramos a Madrid, Roma, San Francisco (EEUU), San Salvador de Bahía en Brasil, Barcelona, Córdoba, Londres, Mar del Plata, Toronto, Santiago de Chile, Singapur, Punta del Este o Buenos Aires, entre muchas otras. Son ciudades a las que cada vez que podemos regresamos pero, por razones diferentes, nunca nos establecemos definitivamente allí.

De igual manera en la vida de un hombre, muchas veces nos enamoramos de una mujer con la que desearíamos formar un hogar pero, por razones diversas, imprevistas e involuntarias, nunca concretamos esa relación.

Finalmente, hay ciudades que pertenecen a un grupo privilegiado y Mendoza se encuentra en él. Ciudades como Goa en India, San Diego en EEUU, Ibiza en España, Zurich en Suiza o Camboriú en Brasil, entre muchas otras lo integran.

Son ciudades que seducen al visitante, enamoran al turista y motivan el regreso una y otra vez. No son pocos los que habiendo conocido Mendoza aspiran a establecerse definitivamente en ella, independientemente de que lo concreten. Mendoza es como aquella mujer especial y diferente que conocemos sólo una vez en la vida y jamás podemos olvidar.

Las opiniones vertidas en este espacio, no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes.

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