Un avance en la consolidación de las instituciones republicanas ha sido la decisión del gobernador de la provincia de Mendoza, Alfredo Cornejo, de limitar a un solo período la reelección de los intendentes, avalada masivamente por el voto popular en la década pasada.
En teoría todos los partidos están de acuerdo, pero en los hechos queda claro que algunos creen tener derechos a constituir una oligarquía que se adueñe del poder para siempre.
La actitud del titular del justicialismo provincial y de los intendentes de ese partido, que presentaron a la Suprema Corte de Justicia un reclamo, para poder presentarse nuevamente a la reelección, muestra el desprecio por la institucionalidad que tienen ciertos dirigentes que además pretenden imitar a países que son ejemplo de autocracias dinásticas como Siria o Corea del Norte, sucediéndose en el gobierno municipal entre padres e hijos y entre hermanos, como si fueran familias con derechos divinos a gobernar.
La Constitución de Mendoza, admirada en el país por quienes respetan la tradición republicana argentina, no sólo limita la reelección sino que también tiene restricciones para que un familiar suceda en la gobernación o la vice al quien concluye el período de gobierno.
Sería conveniente que esta cláusula se agregue a la que impide más de una reelección y también sería recomendable que las agrupaciones, como lo ha hecho el Partido Demócrata, en sus cartas orgánicas introduzcan estas restricciones que fortalecen el sistema e impiden que la política sea una salida laboral para los ineptos que no pueden ganarse la vida fuera de ella.
Está demostrado aquí, en nuestro país, comparando el nivel de desarrollo de las distintas provincias, que las más prósperas son aquellas con instituciones de mayor calidad. Y lo mismo pasa si vemos el panorama internacional.
En ese sentido no se ha avanzado a nivel nacional en estos años. En La Rioja el gobernador de ese estado, impedido de una segunda reelección por la Constitución provincial, ha logrado que la Legislatura avale una reforma al solo efecto de presentarse por un tercer período.
En Formosa existe la reelección indefinida y el caudillejo de esa provincia, Gildo Insfrán, está gobernando desde 1995, luego de haber sido vicegobernador. En Santiago del Estero, al no lograr una segunda reelección el gobernador Geardo Zamora se alterna con su esposa en el ejecutivo.
No escapan a estas consideraciones los municipios de la provincia de Buenos Aires, que tenían, hasta que terminó con esa anomalía la gobenadora María Eugenia Vidal, la reelección indefinida de sus jefes comunales, muchos de los cuales llegaron desde la pobreza extrema a acumular voluminosos patrimonios gracias el ejercicio del poder, mientras la población se empobrecía y se resignaba a que nunca llegaran los servicios básicos para una vida digna.
Lo que sucede en Mendoza es el resultado de algunos dirigentes preclaros como los que debatieron y sancionaron la Constitución de 1916 pero sobre todo del pueblo de la provincia, que no permite que se afecte su institucionalidad como se ha demostrado cada vez que un gobernador ha buscado eludir la cláusula que impide la reelección inmediata.
La república democrática necesita de un pueblo comprometido con ella que esté dispuesto a poner límites al poder, incluso a los buenos gobiernos, porque a la larga o la corta el poder sin límites corrompe y llega a afectar la libertad y los derechos individuales.