La intención expresada recientemente por diversos sectores de la economía provincial de la necesidad de redefinir la matriz productiva de Mendoza, bien puede asemejarse al armado de un rompecabezas.
A veces es difícil completar un rompecabezas si el mismo no tiene la totalidad de las piezas, pero en otras ocasiones y sin faltante de las mismas, el mismo magro resultado se obtiene si lo que prevalece es la pobre voluntad de lograrlo o la carencia de una visión de lo que se pretende obtener. Cualquiera sea la razón, el resultado es el mismo.
La Mendoza 2014 que nos toca en suerte vivir es un conjunto de piezas que, por los resultados, en el transcurso de los años no logra armarse y comenzar un camino permanente y sostenible de crecimiento y desarrollo. Pasar de la Mendoza 2014 a la Mendoza 2020 implica determinar, siguiendo el razonamiento inicial, si con las piezas que tenemos es suficiente, o bien son otras las carencias que no nos permiten retomar un camino abandonado hace ya muchos años.
Un repaso breve, a modo de relevamiento, de las piezas con que contamos y la importancia de las mismas, puede ser el camino que nos permita establecer primariamente si ésta es la causa principal de nuestra preocupación.
En este sentido la provincia es sede de dos universidades nacionales (UNCuyo y la FRM de la UTN) a lo que se suma seis universidades privadas. Es importante la presencia de organismos nacionales para el desarrollo tecnológico con fuerte presencia territorial, tal como el INTA, en menor medida el INTI, y un Centro de Investigación como el Cricyt, a los que puede sumarse la acción de organismos de servicios y desarrollo, con fuerte financiamiento del Estado provincial y participación empresarial, que cubren la problemática de las actividades primarias (IDR), de los sectores industriales y de servicios (Idits) y la actividad comercial (IDC).
La Constitución provincial es una pieza relevante de este puzle, pues evita la entronización y el continuismo, a lo que debemos agregar una democracia que se manifiesta tanto en el plano político como en el económico y en lo social. Para entender esto basta observar otras provincias en las que el poder político y el económico están concentrados en una persona o familia. Vale mencionar además la existencia y dinámica de asociaciones empresarias y de trabajadores tanto sectoriales como de grado superior, integradas con organizaciones nacionales.
Todas estas piezas, y mucho más, asentadas en una estructura vial, de riego, de suministro eléctrico y de gas que, a pesar de su envejecimiento y escaso mejoramiento y ampliación, satisface medianamente las necesidades de la comunidad mendocina.
A pesar del reducido número de piezas enumeradas, y con el perdón de las omisiones efectuadas, la mayoría son el resultado del esfuerzo de nuestros abuelos y padres que forjaron con su trabajo los oasis en los cuales se asienta nuestra actividad, representada en primer lugar por una industria vitivinícola moderna (ejemplo a nivel nacional en materia de planificación), acompañada de un sector industrial con una metalurgia que disminuye de manera sistemática su participación en el PBI provincial y un sector de servicios donde el turismo tiene una presencia importante, todos ellos atados a un valor del dólar como variable relevante para ser competitivos, paridad cambiaria sobre la cual la provincia no tiene poder alguno de negociación.
Tremenda realidad la nuestra en la cual el accionar sistémico de todas y cada una de las piezas mencionadas, y las omitidas, es regulado por una variable que no controlamos o participamos en su control.
Es en este contexto que nosotros los mendocinos nos hemos acostumbrado en todo este tiempo, que representa al presente varios años, a vivir de prestado con un endeudamiento anual creciente. Esto implica que las regalías que otrora estaban destinadas a bienes de capital hoy engrosan la bolsa sin fondo de las erogaciones corrientes de nuestro Gobierno provincial.
Los gastos se acrecientan en forma permanente dentro del juego de la política que lleva a que los hoy opositores utilicen el manual de procedimientos y el discurso que utilizaron sus predecesores, devenidos hoy en funcionarios, en el marco de una situación social preocupante y donde el asistencialismo es un valioso instrumento al momento de aplicar paliativos como de promover apoyos políticos.
Nada es desconocido de lo comentado: la sola mención peca de repetitiva y no agrega valor. Al parecer las piezas están todas pero diseminadas. Armar el rompecabezas significa entonces articular o vincular las distintas piezas existentes, porque armar es unir, encastrar lo cóncavo con lo convexo; es formar jóvenes con el conocimiento y habilidades necesarias para tareas específicas; es vincular el talento empresarial con la formación científico-tecnológica de nuestros profesionales y técnicos; es también vincular lo público con lo privado.
En el convencimiento de que las piezas están, el tema debería ser entonces pensar en su armado. Si éste es el camino queda entonces decidir por qué punto del mismo empezamos: por un lado, por una esquina o por el centro. En verdad, y sin temor a la crítica, afirmaría que cualquiera sea la opción que elijamos y las acciones que instrumentemos, el resultado será sólo una Mendoza 2014 mejorada, y con esto no alcanza para recuperar el orgullo que en el tiempo es sólo recuerdo y menos para satisfacer necesidades crecientes de nuestra sociedad.
La Mendoza 2020 o 2022, el número es lo de menos, que debemos lograr aunque sólo sea una versión preliminar, sabiendo que lo excelente es enemigo de lo bueno y que lo bueno se puede mejorar, debe ser el resultado de la innovación y, en menor medida, de la modernización tecnológica que tendrá a muchas de las piezas citadas como facilitadoras y a la gente, sí la gente toda, como protagonista.
El salto cualitativo a la Mendoza 2020 en la cual no sea el precio del dólar y/o del gasoil, los parámetros que fijan la competitividad de sus productos, requiere comprender e internalizar que el conocimiento, la información, la diversidad, la comunicación, la innovación y la subjetividad (los denominados factores Kidcis, de sus iniciales en inglés) ya son componentes esenciales de los productos que se comercializan en el mundo, por lo que deberemos revisar y mejorar la cadena de valor que nos permita obtenerlos y promover su inclusión.
Instrumentar un proyecto que contemple dichos objetivos requiere primariamente de políticas de Estado, en donde la grandeza de los fines supere la mediocridad y mezquindad de buena parte de los que deben establecerlas.
No se necesita inventar nada. Lo más simple es adoptar y adecuar casos de éxito en el mundo en donde la educación ha sido el punto de partida para crear una sociedad moderna, orgullosa de sus logros. Y si del mundo se trata no es necesario viajar al Oeste asiático. Sólo es necesario que tomemos los libros, "que no muerden", y copiemos, sí, copiemos, y no me avergüenza el término, lo que hizo y nos enseñó que debíamos hacer Don Domingo Faustino Sarmiento y otros ilustres argentinos que nos precedieron.
