28 de marzo de 2013 - 01:06

Mendocina, científica y premiada en París

Nació en Luján, estudió Biología Molecular en San Luis y se especializó en Buenos Aires. Hoy será la única argentina reconocida con una beca internacional para investigar durante dos años en Bélgica sobre el virus Junín, responsable de una enfermedad típi

Con el ánimo de investigar como bandera y estilo de vida, Florencia Linero (31), una mendocina nacida en Luján de Cuyo, llevará sus conocimientos y sus deseos de aprender a la Universidad de Gent, en Bélgica, para realizar un posdoctorado tras ganar una beca que le permitirá seguir trabajando sobre terapias para el tratamiento de la fiebre hemorrágica argentina.

Hace unos días obtuvo el primer puesto de la edición local del premio L'Oréal-Unesco para mujeres jóvenes investigadoras y hoy recibirá el reconocimiento en París, adonde viajó junto a sus padres y su novio.

Luego deberá decidir cuándo utilizará la beca de U$S 40 mil ya que tiene un año (hasta el 1 de marzo de 2014) para hacer uso de ella y, a partir de ahí, dedicarse exclusivamente a investigar por 365 días (con la opción de extenderla un año más).

Buscando anticuerpos

¿A qué se dedica específicamente Florencia? Es licenciada en Biología Molecular y obtuvo su doctorado en la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Actualmente trabaja en el laboratorio de virología de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, donde estudia nuevos medios de tratar la fiebre hemorrágica argentina (FHA) -una enfermedad propia de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y La Pampa- desarrollando nanoanticuerpos.

La FHA), conocida popularmente como "mal de los rastrojos", es una enfermedad infecciosa viral endemoepidémica que surge en nuestro país en 1950 y que afectaba mayoritariamente a los trabajadores rurales.

Su agente causal fue aislado en 1958 a partir de sangre de enfermos y denominado virus Junín, en reconocimiento a los aportes para el estudio del mal de la comunidad de Junín (provincia de Buenos Aires), epicentro del brote epidémico de 1958.

El reservorio natural del virus es un roedor de campo denominado Calomys musculinus, conocido como laucha maicera, que elimina el virus a través de la sangre, orina y saliva, contaminando el medio ambiente, a partir del cual ocasionalmente el hombre se puede contagiar ya sea por inhalación o a través de mucosas o heridas de la piel que entran en contacto con materiales contaminados con el virus.

Actualmente, se estima una población de riesgo de aproximadamente 5 millones de habitantes en las provincias mencionadas. Mendoza, según explicó Linero, no está incluida dentro de esa población.

Los síntomas iniciales de la enfermedad son similares a la gripe, con un agravamiento a partir de la segunda semana. La mortalidad, sin tratamiento, es de 15 a 30% de los afectados y requiere de terapia, de apoyo (reposo, hidratación) y tratamiento específico.

"La terapia actual consiste en la transfusión temprana de suero de convalecientes, es decir, de personas que padecieron esta enfermedad y se curaron, ya que su sangre contiene los anticuerpos que protegen contra la enfermedad", indicó la especialista mendocina.

El problema es que no se cuente con una reserva suficiente en los bancos de suero, que haya riesgos de transmisión de enfermedades en la transfusión o la aparición de un síndrome neurológico tardío.

Es aquí donde Florencia ha puesto su foco, iniciando un proyecto de investigación -que continuará en Bélgica- basado en la obtención de nanoanticuerpos, o ?nanobodies', que se encuentran en camélidos (camellos, llamas y su familia).

Éstos presentan importantes propiedades, tales como elevada resistencia al calor, resistencia al pH ácido del estómago y dado su tamaño pequeño pueden acceder a lugares a los cuales no llegan los anticuerpos comunes.

De esta manera, estos pequeños anticuerpos descubiertos en 1980 constituirían una excelente herramienta terapéutica para el tratamiento del cáncer, enfermedades inflamatorias e infecciosas. "Lo básico es remplazar el problema del stock. Lo bueno es que los nanobodies pueden ser guardados en un banco y si hay un brote una empresa los puede producir a gran escala", señaló Linero.

Una niña curiosa

"Siempre tuve una personalidad muy inquieta y curiosa. De chica, en la primaria, ya me gustaba lo científico. Es más, en una feria de Ciencias Naturales que se hizo en Luján gané un primer premio", dijo con espontaneidad y lejos del estilo protocolar, aunque siempre correcto.

En su Luján natal creció junto a sus padres, Roberto y Mirta. Pasó por varias escuelas: Juan José Paso, María Auxiliadora y los últimos años en la Emilio Jofré. La secundaria la cursó hasta cuarto año en el Liceo Agrícola y el último año en la Juan Agustín Maza.

"En la secundaria me empezó a interesar la biología celular gracias a una profesora. Después me fui a San Luis para estudiar Biología Molecular y mi tesina para la licenciatura, sobre virología, la hice en Buenos Aires. Luego empecé el doctorado, siempre con el virus Junín", explicó.

Aunque a sus constantes cambios de domicilio ahora se le sumará uno más, nunca ha sido problema para ella, que sin embargo destacó que vivir en San Luis fue mucho más fácil que vivir en la capital argentina.

"San Luis es una ciudad para estudiantes; no fue problema. Pero en Buenos Aires me costó un montón adaptarme, la gente no es igual. Por suerte después me adoptaron como una más", finalizó quien hoy será galardonada en la Universidad La Sorbonne de París.

Más información en:

www.porlamujerenlaciencia.com

LAS MAS LEIDAS