9 de julio de 2014 - 00:00

Me recibí y ahora ¿qué hago?

La problemática de quienes obtienen un título universitario y se encuentran con la realidad de no conseguir un trabajo relacionado con su profesión. Consejos.

Concluir los estudios superiores suele ser uno de los momentos más importantes en la vida de los estudiantes terciarios y universitarios. Pocas cosas deben producir tanta satisfacción como la finalización de una etapa de tantos esfuerzos y sacrificios, de tantas horas de estudio y desvelo, nervios al rendir finales... En fin, todas aquellas típicas cosas que conocemos quienes hemos pasado por esa experiencia.

Todo por realizar el sueño de poder vivir de aquello que nos gusta, nos apasiona, y, admitámoslo, poder vivir bien con ello. Entonces llega el día en que rendimos la última materia o presentamos nuestra tesis. Festejamos con inmensa alegría el haber cumplido un ciclo. Ahora somos licenciados, ingenieros, docentes, técnicos. Entonces llega la gran pregunta... Y ahora ¿qué hago?

Muchos ya tienen la oportunidad de estar trabajando en algo relacionado con sus estudios, por lo cual el paso de obtener el título puede mejorar las circunstancias que actualmente viven con respecto al ámbito laboral. Pero una gran mayoría de jóvenes profesionales, ya sea porque la carrera elegida no les permite ejercer antes de obtener el título o por circunstancias de la vida, no se encuentran insertos en el mercado laboral de su ámbito de estudio. Entonces tienen la ardua tarea de salir a enfrentar el mundo y encontrar un empleo “de lo suyo”.

¿Y cuáles son los mayores obstáculos con los que nos encontramos? Un altísimo nivel de competencia por la gran cantidad de jóvenes que atraviesan una situación similar, conjugado con una muy escasa oferta laboral en su campo de trabajo. Entonces sobreviene un período de decepción, de malestar emocional y frustración. El panorama se vuelve un poco más sombrío cuando la profesión se presta para un tipo de trabajo más independiente, como algunas áreas de la psicología, abogacía, contaduría, entre otras.

Entonces se corre el riesgo de caer en uno de los mayores errores que se suelen cometer cuando uno es presa del temor y de la ansiedad: salir a querer “comerse” el mundo, a cumplir el objetivo sin tener un plan de trabajo ordenado y preciso que permita planificar paso a paso cada actividad.

En el intento de acaparar todo lo que se encuentre a nuestro alrededor (a todos nos pasó alguna vez), uno no se acuerda de que todo es igual a nada y que los resultados de tan osada misión no siempre son satisfactorios. Entonces aparecen dudas y cavilaciones: “¿Para qué estudié, si esto no mejora mis posibilidades de acceder a un empleo bien remunerado? ¿Cuándo voy a poder adquirir experiencia si no te dan trabajo justamente por no poseerla? A este paso nunca voy a poder vivir de mi profesión”.

¿Qué podemos hacer ante esta perspectiva, en la que todo parece perdido y no tenemos un rumbo certero con el cual dirigir nuestro accionar? En primer lugar, lo más importante es tener un objetivo claro, concreto, medible y alcanzable.

¿Qué significa esto? Que tengamos definido qué queremos específicamente y hacia dónde apuntamos, que sea un objetivo realista y acotado a determinados ámbitos en un principio, para que podamos concentrar nuestras energías en ello y no corramos el riesgo de dispersarnos, además de que nos permita hacer una evaluación periódica de nuestros avances.

Es recomendable, para el caso, armar un cronograma de trabajo semanal, con días y horarios específicos para cada actividad. Proponernos pequeñas metas a cumplir, para que no nos invada la sensación de que el trabajo es interminable y caigamos en la tentación de abandonar o rezagarnos.

Es necesario también mantener nuestra agenda de contactos actualizada, que nos permitan abrir nuevas puertas al mundo laboral. Muchos de los buenos empleos o clientes se consiguen por recomendación de otras personas conocidas en el rubro, que ya llevan más tiempo trabajando en ello que nosotros.

Frente a la competencia, es muy importante la especialización, sea de tipo formal o informal. Esto es imprescindible porque va a marcar la diferencia entre nosotros y el resto de los profesionales, haciendo nuestro trabajo más valorado y prestigioso.

Por último, algo fundamental: tener mucha, pero mucha paciencia que, con trabajo constante y actitud positiva, podemos cumplir nuestros sueños. Después de todo, las claves del éxito son la perseverancia y el arduo trabajo. No bajar los brazos, golpear puertas y vencer nuestro miedo al fracaso.

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