Triunfazo de Unión de Santa Fe: reaccionó en el segundo tiempo, dio vuelta la historia ante San Lorenzo y es puntero

Con goles de Pardo y el Toro Morales, el Tatengue revirtió el resultado ante el Ciclón en un ratito y es líder con Talleres.

Triunfazo de Unión de Santa Fe: reaccionó en el segundo tiempo, dio vuelta la historia ante San Lorenzo y es puntero

Con el corazón latiendo a mil en la mano. Así lo ganó Unión. Así dio vuelta un partido que había arrancado abajo. Así alcanzó a Talleres y se subió a la punta. Con garra y empuje, el equipo del Kily González atropelló a un San Lorenzo que suma siete partidos sin victorias por torneo y se hunde en la tabla.

Al Ciclón le costó entrar en el partido. Ambos equipos se calibraron en los primeros minutos, que no tuvieron un dueño claro. Pero el visitante logró acomodarse. Inteligente, Romagnoli les insistió a sus volantes para que se encarguen de asfixiar a Mosqueira. Con el volante central tapado, el Tatengue no tuvo primer pase. Luna Diale se vio obligado a arrancar muy desde atrás y tuvo que recurrir demasiado a los envíos largos. Al cortar los circuitos de juego del local desde la raíz, el conjunto del Pipi logró aislar a Orsini y Domina, quienes no fueron abastecidos.

En ese primer tiempo, San Lorenzo creció a partir de un Remedi que manejó los hilos en la mitad de la cancha. Y volcó el juego sobre el sector izquierdo, con un Braida que fue incisivo y se asoció con Cuello para triangular y generar superioridad numérica por ese sector del campo. Un costado sobre el que también se vio lo mejor de un Tatengue muy opaco, con un Vera que fue el más picante del dueño de casa cuando pasó al ataque. En esos primeros 45 minutos hubo más fricción que juego, más tarjetas que situaciones de gol. Pero los de Boedo igual merecieron irse al descanso en ventaja porque fueron levemente superiores.

Empujado por la necesidad de revertir el resultado en su cancha y ante su público, Unión presionó en el complemento con un nivel de determinación que no había mostrado en la primera mitad. Achicó espacios hacia adelante, se paró más lejos de su área y empezó a acorralar a un Ciclón que perdió el medio, pero que igual contaba con espacios para contragolpear. Romagnoli advirtió la falencia y su preocupación se vio reflejada en la vehemencia de sus indicaciones: en el corralito metió piques cortos y transpiró como en sus viejas épocas de pantalones cortos.

El Tatengue fue, sin demasiadas ideas, pero con mucha voluntad y un ímpetu irrefrenable. San Lorenzo se aferró con tesón a la ventaja y también a la esperanza de usufructuar alguna contra ante un rival que dejaba espacios. Estuvo cerca de sucumbir ante los embates del equipo de Santa Fe: Gamba, Vargas y Morales, quienes habían ingresado para oxigenar al equipo, armaron la jugada de un empate que se festejó hasta que el VAR detectó un offside milimétrico. Había vida para el Ciclón. Había que volver a remar para un Unión que sintió el golpe, pero que no se rindió y fue a puro empuje. Primero estuvo al borde de la igualdad con un cabezazo de Orsini que se estrelló en el travesaño. Y luego, de forma merecida, derribó el muro con un grito de Pardo. Un gol que dejó groggy a San Lorenzo. Y que envalentonó aun más a Unión, que salió a atropellar con temperamento hasta que Morales selló la victoria.

El Ciclón, que sigue vivo en la Libertadores y la Copa Argentina, aún no cosechó triunfos en la Liga y además suma 13 partidos sin ganar de visitante entre todas las competiciones. Por eso Romagnoli terminó caliente como una Pipi. Unión, en cambio, se atreve a soñar.

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