Pudo más la convulsión interna que desató Omar Félix que la estrategia electoral de Ciurca con Abraham, Miranda y Cassia.
En plena fuga de kirchneristas hacia el massismo a nivel nacional, el sanrafaelino concurrió a los ámbitos del poder a los gritos a decir que si se respetaba en Mendoza el acuerdo con el referente local de los Rodríguez Saá, él estaba dispuesto a dejar el bloque formalmente. Nadie atendió el reclamo en la Casa Rosada, porque toda la atención K está puesta en estos días en cómo contener la estampida hacia otros destinos peronistas y en adoptar medidas (tardías y largamente reclamadas por la sociedad) para intentar atenuar los efectos de una dura derrota electoral en octubre.
Pero aquí el temor de una fuerte repercusión fue tal que los mentores de la jugada de las listas espejo en Guaymallén y Las Heras prefirieron dar marcha atrás con la conflictiva idea.
Otra vez gente en la calle. Encima, la inseguridad volvió a golpear fuerte entre los mendocinos con el crimen del joven médico Sebastián Prado y la semana se llenó de reclamos sociales y repercusiones políticas.
Luego de alguna queja en público contra la Justicia, el Gobernador prefirió bajar tensiones y consensuar la agilización de las investigaciones con el Procurador de la Suprema Corte de Justicia, Rodolfo González, a quien visitó.
Luego vino la adhesión del gobierno de Francisco Pérez a la propuesta nacional del kirchnerismo de debatir en el Congreso un nuevo régimen penal para menores. Una manera de aferrarse al primer salvavidas que aparezca aunque sin ninguna certeza de que el mismo pueda soportar la fuerte tempestad reinante. Y junto a Pérez terminó alineándose la mayor parte del oficialismo, encabezado por los candidatos a diputados nacionales.
Como a nivel nacional, la mano dura en materia de seguridad se coló con propósitos electorales pensando en las legislativas del 27 de octubre. No hay otra lectura de esta estrategia. La prueba de la improvisación la da la reacción negativa de los sectores más conservadores del kirchnerismo, que ven en la mano dura un desvío ideológico imperdonable.
En medio de la tensa semana, Pérez insinuó un convite a la dirigencia política en general para volver a discutir sobre seguridad. Y desde la Bicameral la oposición tomó la palabra y ahora reclama un encuentro con el titular del Ejecutivo para consensuar leyes que deberían ser tratadas en las cámaras. La inquietud surgió especialmente luego de que recibieran en el ámbito legislativo a la fiscal Ríos, que está a cargo de la investigación del crimen del médico Prado.
Hay una realidad inocultable. Es verdad que el Poder Judicial debe realizar su propia autocrítica. Corresponde. Pero las decisiones políticas de la ejecución de las normas vigentes para combatir la inseguridad son responsabilidad del Ejecutivo, a través del Ministerio de Seguridad y de la Policía.
Más allá de las reuniones que se puedan organizar entre el Gobierno y el resto de la dirigencia partidaria, a nadie escapa que hay leyes que se encuentran vigentes y que algunas veces no se cumplen plenamente; ideas que directamente no pasan de ambiciosos proyectos y también hay aspectos operativos que la fuerza policial no lleva a cabo como corresponde por distintas razones.
Esta es la opinión de muchos dirigentes del oficialismo, incluido alguno de sus principales candidatos para octubre.
Entre los pasos dados en la semana, Pérez dijo por ahí que para nada estaba en juego la conducción del Ministerio de Seguridad. Sin duda, un voto de confianza de Pérez a su ministro Aranda, pensando, también, en lo que internamente le puede significar en estos momentos a su gobierno desplazar a una conducción claramente identificada con uno de los referentes de la línea interna más fuerte del PJ.
Aunque también es cierto que no debería ser necesario que el jefe del Ejecutivo haga visitas sorpresivas a las dependencias policiales para ver cómo es realmente su funcionamiento.
¿La fuga será contagiosa? En el Congreso, dicen quienes lo frecuentan, es donde más se nota la partida kirchnerista hacia otra nueva etapa del justicialismo. "La fuga es incontrolable", sentencian quienes miran el actual momento del oficialismo nacional.
Se espera que sí se apruebe el Presupuesto 2014 con el aporte de los ahora llamados "débiles de carácter", es decir, justicialistas que todavía pueden ser tentados para apoyar las iniciativas que más le interesan al Gobierno.
Pero los mismos observadores aseguran que no le queda mucho más resto al kirchnerismo, al punto que dudan de que se pueda llegar a abordar el tan promocionado proyecto de ley para bajar la edad de imputabilidad a los menores que delinquen. Ya hay varios diputados que aun permaneciendo en el bloque oficialista no responden como antes.
Una especie de peronismo alternativo creció rápidamente bajo la protección del sorprendente Sergio Massa. Y ese nuevo peronismo se perfila como claro dominador de la pulseada política mucho antes del recambio legislativo de diciembre. El cambio de mando se viene produciendo gradualmente después de las PASO y hay quienes opinan que el trasvase tendrá su punto más fuerte, incluso, antes de las elecciones de octubre.
La migración peronista hacia el "massismo" también se iría viendo en Mendoza paulatinamente. Para la próxima semana prometen otra incorporación legislativa local que se sume a Gustavo Valls. Y Enrique Thomas ya blanquearía su pertenencia al massismo para pasar a ser una de las caras referenciales del sector en Mendoza.
¿Y el oficialismo partidario? Existe por ahora la certeza de que el grueso del PJ, especialmente el mayoritario sector liderado por Ciurca y otros "caciques" de La Corriente, se mantendrá a la expectativa por el futuro derrotero del gobernador Scioli y sus pretensiones de ser el heredero del kirchnerismo en retirada. Azules y otros sectores no varían mucho en cuanto a las especulaciones sobre el futuro del PJ.
Jorge Tanús, uno de los más encumbrados dirigentes del sector que lidera Mazzón, dijo en declaraciones periodísticas que el peronismo mendocino necesitará repensarse de cara a 2015. No ve bien la actual interna, con sus divisiones caprichosas. Invitó a unirse a los sectores que conforman el justicialismo mendocino, incluido el "paquismo", que no es otro que el Gobierno, al que Tanús califica como un sector interno más.
Posiblemente pase la efervescencia por la inseguridad y con ella la catarata de proyectos y medidas par atemperar el mal humor de la gente. Y por ahora todos los sondeos indican que el oficialismo provincial deberá toparse a fines de octubre con un veredicto popular tan o más adverso que el de las PASO.
Pérez parece haber optado por un acuerdo de gobernabilidad con los sectores internos del PJ, influenciados por Ciurca y los intendentes de todas las corrientes. Ese acuerdo le va a resultar más importante a Pérez hacia adelante que este transitorio acuerdo de la mano dura por cuestiones meramente electorales.