4 de enero de 2015 - 00:00

Magras expectativas para 2015

El año que comenzó será muy similar al anterior, en el sentido de que no hay probabilidades de arreglar los temas pendientes de la deuda ni de que pare la actual dinámica inflacionaria.

Terminado el año 2014, casi todas las expectativas estaban puestas en el vencimiento de la cláusula RUFO y las posibilidades de que el gobierno argentino comience una negociación con los holdouts para solucionar el tema de la deuda externa.

El tema es vital porque implica la posibilidad de recurrir a los mercados internacionales y obtener un financiamiento a tasas razonables para reforzar el stock de reservas del BCRA y normalizar el acceso al crédito internacional a la economía en general.

Pero, con el año ya iniciado esas posibilidades hoy son casi remotas. El gobierno consiguió terminar el año con más reservas en el BCRA de las que tenía al comenzar y no se ven señales que permitan avizorar que Cristina Fernández esté dispuesta a arriar alguna de las banderas que la mantuvieron en el centro de la escena.

Está claro que uno de los problemas centrales es la inflación y que la política de subsidios es en gran parte responsable de este proceso. Esta es una política que se amenazó cambiar desde el mismo inicio de la segunda gestión de Cristina, cuando prometió “sintonía fina”.

Pero también está claro que la Presidenta no está dispuesta a pagar el costo político y se lo dejará como herencia al próximo gobierno, que deberá lidiar con una situación insostenible. Esto implica que tampoco se hará nada útil para frenar la inflación, sino todo lo contrario.

El objetivo del Gobierno es mantener ciertos niveles de consumo que mantengan tranquila a la población. Ya saben que a los argentinos no les gusta la inflación pero los consuelan los aumentos salariales.

Saben que los argentinos se manejan en términos nominales y no en términos reales. Por eso, ponerles mucha plata en el bolsillo, aunque valga poco, los puede ayudar a llegar al fin del mandato con pocos conflictos y hasta la expectativa de pelear nuevamente por el poder.

Un año mediocre para zafar

El Gobierno tiene hoy la mejor excusa para justificar un año mediocre de la economía y es la situación de la economía mundial, que aunque puede crecer moderadamente, no lo hará en los grandes países desarrollados, que son los que podrían tener capacidad de compra.

Los técnicos saben las medidas que podrían tomar, pero entre una mezcla de oportunismo político teñido de ideologismo casi talibán, se generan consignas de marcada antigüedad para ir generando un marco de situación complejo, pero confuso.

A fuerza de mayor emisión monetaria, el gobierno espera pasar un año donde, mediciones caprichosas de inflación mediante, podrá justificar una cierta dinámica económica que muestre el nivel de actividad con cierto movimiento pero lejos de la recesión. Desde ya, las tasas de inversión pueden ser un aliado del Gobierno.

Aunque parezca mentira, la tasa de inversión se está comenzando a dinamizar levemente. Varias empresas han decidido comenzar a reactivar proyectos pensando que estarán listos en 2016, para ponerlas en marcha con un nuevo gobierno que cambie los parámetros de la política económica y genere mejores niveles de confianza.

Por Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes - [email protected]

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