30 de junio de 2016 - 00:00

Macri y el desafío de liderar un cambio en serio

Con relación a los análisis que se vienen produciendo, pensados desde perspectivas que se inscriben dentro de la lógica de nuestra cultura y especialmente de nuestra “tradicional” cultura política, estas reflexiones buscan explicarlas desde una visión distinta.

Las mismas intentan comprender la conducta del presidente Macri, vinculadas con el veto de la ley anti despidos, como así también con su anuncio de repatriar los fondos que tiene en Bahamas, con su intención de empezar a saldar la deuda histórica con millones de jubilados, su endurecimiento frente a la corrupción y su insistencia en la independencia del Poder Judicial.

Además, Macri, cada vez más, acota el peso de la decisión y la negociación política en favor de aquellas acciones que, él cree, son inevitables y necesarias concretar.

Esta visión distinta busca comprender desde la óptica del cambio y, especialmente, desde la capacidad que se debe tener para liderar un cambio.

Se ha escuchado al presidente Macri decir frases tales como: “No me jodan con la caída de la imagen. Voy a seguir tomando las decisiones que me parezcan bien” o “Cuando crucemos el río podremos volver a hablar (con la oposición)”.

Se puede apreciar que Macri, en los últimos tiempos, ha planteado una serie de posturas inflexibles ante sus propios ministros y colaboradores, como frente a empresarios y sindicalistas, especialmente con respecto al veto de la ley anti despidos, generando incomodidades y descolocaciones de conductas, incluso entre su propia gente.

Sorprendió a políticos, periodistas, analistas políticos, etc, que fuera muy duro, en la reunión con los sindicalistas, pidiendo su apoyo y, con los empresarios, para que aprobaran la propuesta de no despedir gente en los próximos meses.

Todo esto, en momentos en que el FpV y el Frente Renovador querían lograr el quórum propio para tratar dicha ley y propinarle la primera derrota política de importancia.

También es difícil de explicar el apoyo que posteriormente dio, facilitando el quórum, para que la ley saliera aprobada, sin más trámite y así poder vetarla.

Estas conductas son difíciles de entender y comprender, pero si nos ponemos desde la perspectiva de los procesos de cambio, adquieren coherencia y contundencia.

Sus colaboradores han podido percibir las mutaciones en su conducta, desde el momento en que se lanzó a la candidatura, a la de ahora, ejerciendo el poder.

A su vez, dentro de estos cambios pasó de tener en cuenta, durante su campaña electoral, casi exclusivamente a las encuestas, al “No me jodan con la caída de imagen”, frase que habría utilizado el presidente Macri frente a quienes querían verlo desistir de la postura del veto.

Es evidente que, cada vez más, tiende a apoyarse en sus convicciones, valores y visión de lo que él cree que “debe ser” la realidad futura para los argentinos.

No las negoció o no negocia tan fácilmente como hubiera deseado la visión política tradicional: la del apriete, del arreglo, la del toma y da, la del beneficio corporativo de los políticos, etc.

A su vez empezó a tener en cuenta a la gente real, de carne y hueso, antes que a los comentarios de la dirigencia, a lo que dicen los medios y las encuestas de opinión, porque Macri percibe que, a pesar de que su imagen pública pueda haber caído, las expectativas generales de la gente que lo votó se mantienen, en tanto le reconoce que lleva muy poco tiempo de gestión y le ve convicción en sus conductas.

Todos estos cambios de conducta son propios de alguien que intenta y quiere liderar un proceso de cambio de verdad, no “el decir una cosa y hacer otra” o “cambiar algo para que no cambie nada”, tan propia de nuestra dirigencia, en cualesquiera de sus manifestaciones y desde hace 30 años.

Estas transformaciones en la conducta, cuando se lidera un proceso de este tipo, surgen en determinadas circunstancias en las que se juegan aspectos importantes del proceso de cambio y obligan a tomar posturas que se deben afrontar con convicción, con las certezas de lo que se cree que es verdad y ponerlas en juego

La coyuntura estaba, está y estará signada por los sindicatos movilizados, el “hay que ganar la calle” y una oposición que busca su propio beneficio o desestabilizar totalmente la gestión de gobierno (nuestra famosa gobernabilidad).

En estas circunstancias, el líder de cambio debe y deberá testimoniar y acentuar sus convicciones para afirmar su liderazgo, marcando las diferencias con el status quo y lograr, también, afirmarse él mismo en esos valores y visiones.

Por eso, no puede ser un líder de cambio alguien que no cree lo que dice, hace y propone porque, al poco tiempo, las mismas exigencias del proceso de cambio pondrán esas mentiras en evidencia.

La pasta del líder de cambio esta hecha de testimonio y se le exige que cumpla sus promesas con mayor claridad a medida que el proceso avanza.

Esto es lo que, desde esta perspectiva particular de los procesos de cambio, pasa hoy al presidente Macri y se torna difícil de entender, incluso para sus propios colaboradores, cuando lo siguen leyendo desde la política y los análisis tradicionales.

Macri se debate y debatirá entre ser un político más de los tantos que hubo, hay y habrá en el país, o convertirse realmente en el líder de cambio que, él está convencido, el país necesita.

Con estas últimas conductas ha avanzado decididamente hacia el futuro que desea y ve.

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