31 de agosto de 2014 - 00:00

Macri, entre el cielo y el infierno

Mauricio Macri es el presidenciable que -según distintos sondeos- más creció en los últimos meses. Su figura despierta adhesiones y enconos en igual medida.

Parado frente al kirchnerismo se propone como su contracara, aunque haya quienes desconfíen de esa antinomia y resalten la funcionalidad de ambos procesos políticos que, como los extremos, aunque no se toquen se necesitan.

El Pro y su líder dividen aguas nacionales, pero también en los armados provinciales que, de cara al año próximo, ya encauzan estructuras, dirigentes y discursos.

Mucho se ha abundado sobre la aparente “preferencia” que el kirchnerismo le prodiga como estrategia de ensalzamiento para contener las fugas que desde el Frente para la Victoria se producen día a día hacia el Frente Renovador de Sergio Massa.

También se han extendido los análisis sobre lo que Macri genera en el armado de centroizquierda de UNEN. La confluencia entre radicales, socialistas y aliados cruje feo cada vez que sobrevuela la posibilidad de algún acuerdo con el porteño como el que impulsa, sin ocultamientos, Lilita Carrió.

Lo cierto es que los mismos amores y odios se trasladan a Mendoza. Algo que venía poniéndose de manifiesto con alguna intensidad y que quedó aún más en evidencia tras la fugaz visita que el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires concretó el viernes.

Allí, las definiciones locales acompañaron la dinámica cada vez más acelerada que ha tomando su campaña en base a ese crecimiento y que -claro está- llena de optimismo a sus seguidores, de preocupación a sus adversarios y de recelo a los que si bien no están con él, les gustaría sacar provecho de su crecimiento.

Cada vez más Pro. El reciente desembarco de Macri no tuvo mayores condimentos que otros tantos en el pasado, pero los mensajes sí fueron contundentes.

El Pro reafirmó la construcción de las últimas elecciones en Capital, donde logró una banca para el concejal Gustavo Senetiner y le dejó claro a su socio del Partido Demócrata (PD) que, como en esa ocasión, el liderazgo será de él y no del partido provincial.

Para ello, Macri aseguró estar analizando la candidatura a gobernador de un dirigente propio. En paralelo, le tiró otro mensaje a UNEN, casi como para no involucrarse en sus peleas y ensañamientos personales: reafirmó la opción de la “tercera vía” y descartó también la posibilidad de acompañar la precandidatura radical de Alfredo Cornejo, una situación que los mismos interesados de ambos partidos habían dado por cierta hasta no hace mucho.

¿Qué cambió en el camino? Los allegados al ex presidente de Boca aseguran que la explosión nacional de la intención de voto hacia el Pro era algo que su comando esperaba para fin de año, no en agosto.

Por otra parte, dicen los macristas que en Mendoza están igualando a Julio Cobos, quien en los últimos tiempos siempre ha tenido los mejores porcentajes de imagen positiva en la provincia, algo que la UCR niega rotundamente.

Estas señales habrían alentado al Pro a pisar el acelerador y a descartar alquimias extrañas que se interpretaran como un desvío del plan de vuelo original.

Pero lo cierto es que el inusitado volumen político (real o construido) también altera a las fuerzas mayoritarias locales, que con más o menos simpatía observan con detenimiento cada uno de sus movimientos.

Gansos en fuga. Tal vez los más interesados por el futuro del Pro son -como se dijo- sus socios del PD. Pero es también allí donde más impactan sus decisiones, aunque no todos las compartan.

Lo cierto es que la encrucijada ideológica del PD es de tal magnitud que se debate, confusamente y sin advertirlo, entre el antikirchnerismo (Macri) y un poskirchnerismo light (Massa). El massista Jorge Difonso y los dirigentes que le responden afirman que irán por fuera si el partido se encolumna con Macri y no con Massa.

Por su parte, la confirmación ayer del pase al macrismo del ex senador provincial Carlos Aguinaga, pone más en alerta a todo el partido. Pese a la tradición familiar, Aguinaga se hartó.

Dice que su pase es una decisión personal y que no incluye ninguna expectativa de una posible candidatura, pero está claro que su figura es punto de referencia para algún sector partidario que ya plantea diferencias con los que siempre coquetearon con el Pro pero “nunca se animaron a dar el salto cuando se lo pidieron”, en clara alusión al ex diputado nacional Omar De Marchi.

El demarchismo, por su parte, tiene otra visión y dice que pretende encarnar la figura que aúne aquí a macristas y demócratas, en virtud de su nunca abandonada pertenencia partidaria y de la cercanía que siempre ha tenido con los popes del Pro. Por todo ello, De Marchi está dispuesto a ser el candidato macrista. El desenlace, cualquiera sea, ya aparece como apasionante.

Radicales en off side. En el radicalismo, por su parte, parece tejerse una estrategia silenciosa de dos puntas: la nacional, apostando a UNEN y la local cerrando acuerdos distritales con Macri y el Pro como sucedió en Córdoba y Entre Ríos.

Ante la falta de certeza por la no reglamentación de las PA SO, las especulaciones y simulaciones de escenarios se multiplican. Especialmente porque dicen que el ciurquismo y varios intendentes del PJ quieren comicios desdoblados.

Además, las recientes peleas en el seno de UNEN han debilitado el armado y expuesto la fragilidad de una interna con 5 candidatos a la Casa Rosada que aún no termina de prender como conjunto, ni de despegar a alguno de sus presidenciables.

Cornejo advierte que si hay simultaneidad de elecciones con la Nación, sus chances se pueden debilitar por el efecto arrastre de un Scioli, un Massa o... un Macri. Mucho más si Cobos no es el candidato de UNEN.

Ante eso, no rehúsa ni hace ideologismo con los elogios del jefe de Gobierno porteño, pero tampoco se rasga las vestiduras.

Pretende que los votantes de Macri también tengan al intendente de Godoy Cruz en su boleta. Una alquimia que no resultará fácil, ante los resquemores internos, pero también ante las tensiones de su propio espacio a nivel nacional.

Por lo pronto, las declaraciones de Macri trajeron sorpresa, pero también alivio. El “ruido” que genera cualquier acuerdo debilita seriamente el frente interno. Por ahora, todo es suspenso, aunque los radicales digan que “en Mendoza Macri nos necesita más a nosotros que nosotros a él...”

Preocupación peronista. Finalmente, en el PJ la figura de Macri también tiene su impacto. No sólo porque en privado algunos dirigentes ya admiten que cada vez tiene más chances de ser quien derrote tanto al kirchnerismo en retirada como al heredero peronista que intente sucederlo (sea Scioli o Massa). En su visita, Macri también desmintió la intención de sumar al ministro de Francisco Pérez Matías Roby.

En defensa del titular de Salud hay que decir que los contactos y el interés efectivamente existieron. En una reciente reunión del G-25 macrista en Buenos Aires (grupo de técnicos principalmente vinculados al sector privado), a la hora de ocuparse de Mendoza, Macri sólo planteó dos inquietudes.

Preguntó sobre las dotes de administrador de Cornejo y pidió referencias sobre Roby. Sobre el radical, el macrismo no tenía dudas de que era el mejor candidato para la gobernación. ¿Aún lo seguirá pensando o sólo habrá pisado la pelota?

Sobre el ministro, creían entonces que su pensamiento era más cercano al Pro que al PJ y estaban dispuesto a tentarlo. En su fuero íntimo, lo único que lo condicionaba es su lealtad a Pérez, porque sus ambiciones se mantienen inalterables.

Tal vez las declaraciones de Macri convenzan a Roby de sobreactuar un peronismo que nadie le conoce y a la par haga que todas las internas partidarias queden atravesadas (de ahora en más) por las ínfulas de un presidenciable de consideración.

Luis Abrego - [email protected]

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