Luis Scafati es uno de los grandes dibujantes del país. Por estos días, el talentoso ilustrador se encuentra en su Mendoza natal preparando una exposición que inaugurará próximamente. En su casa de Vistalba, se prestó amable y dispuesto al diálogo.
Luis Scafati es uno de los grandes dibujantes del país. Por estos días, el talentoso ilustrador se encuentra en su Mendoza natal preparando una exposición que inaugurará próximamente. En su casa de Vistalba, se prestó amable y dispuesto al diálogo.
-¿Dibujaba desde chico?
-Siempre, no tengo memoria de no haber dibujado. En un momento, de muy chico, tuve un período de dos meses en que estuve enfermo. Tenía un problema renal y en ese momento mi entretenimiento era el dibujo.
Probablemente si eso hubiera pasado hoy hubiera tenido una computadora y no hubiera dibujado nada... tal vez hubiera sido un genio de la computadora o un hacker (risas). Al margen de esto yo creo que hay situaciones que incentivan y hacen crecer las cosas y creo que ese fui mi momento de esplendor.
-¿Tiene claro por qué le gustaba tanto?
-Yo creo que todos los chicos dibujan, pero también algunos tienen una necesidad compulsiva de hacerlo. En mi caso creo que fue a raíz de que era muy tímido.
-¿
En su casa alguien dibujaba?
-Mi papá tenía mucha facilidad. Pero creo que la mejor forma de cultivar mi habilidad para el dibujo fue que nunca me faltaron papeles. Eso fue notable. Mi padre siempre me traía papeles y me prestaba su Parker 51, que era un lujo. Era una lapicera gris con capuchón dorado.
-Comenzó con historietas...
-La historieta fue para mí la manera de aprender a dibujar. Accedí por medio de la revista Patoruzito. Había sido creada por Dante Quinterno, pero además nucleaba a grandes historietistas. Sin querer crecí viendo y aprendiendo de esa revista. Para mí, dibujar era contar una historia.
-¿En su adolescencia ya tuvo claro que se iba a dedicar a esa pasión que tenía tan arraigada?
-No. Era tan parte mía dibujar que no lo sentía como una posible profesión. Cuando pensé en estudiar se me ocurrió hacer la carrera de psicología y eso no tenía nada que ver con el dibujo. Después entré en la Facultad de Artes por motivos azarosos. En realidad fue mi madre la que me dijo que me metiera en esa Facultad.
-Y ahí descubrió el universo del arte…
-Totalmente. Para mí era una cosa absolutamente desconocida, de hecho nunca había ido a un museo.
-¿En la Facultad se dieron cuenta de que tenía este don
?
-Sí, puede ser. Pero además descubrí un gran mundo que no conocía. El primer maestro que tuve se llamaba Dardo Retamosa. Y él me pasó buenos libros de lectura. Yo ya leía y me interesaba todo lo que caía en mis manos... pero leía cualquier cosa. Él me enseñó a leer autores importantes. Nos habíamos hecho muy amigos. Retamosa era un gran artista, gracias a él descubrí a Gauguin y Van Gogh, por ejemplo. Y después fui teniendo otros grandes maestros que me dieron mucho.
-¿Era fácil estudiar arte en esa época en Mendoza?
-Era muy raro. Cuando decía que estudiaba arte todos me preguntaban qué pensaba hacer cuando me recibiera. En ese momento ya tenía el “rebusque” del humor. En mi época de estudiante había empezado a publicar en la revista Hortensia, que se hacía en Córdoba. Ahí conocí a Roberto Fontanarrosa, que en esa época había empezado a hacer “Inodoro Pereyra”.
-¿Cómo fue el hecho de empezar a vivir de su trabajo?
-También fue muy raro. Yo no podía creer que me pagaran por algo que me gustaba hacer. Sentía hasta culpa. Siempre he tenido una difícil relación con el dinero. El conflicto viene desde que no considero un trabajo esto que hago. Es lo que me gusta hacer y me da placer. Poner precios es algo que me cuesta horrores.
Hacia Buenos Aires
-Durante la dictadura militar tuvo que irse de Mendoza...
-Me fui a Buenos Aires, me fueron en realidad (risas). Yo estaba en el Centro de Estudiantes de la Facultad y eso significó que teníamos una idea política y en ese momento tener ideas políticas era peligroso. Entonces nos expulsaron de la Facultad.
-¿Estaba por recibirse
?
-Me faltaban sólo cinco materias. Pero yo sabía que me iban a expulsar. Lo tenía muy claro.
-¿En Buenos Aires comenzó a tener más trabajo?
-Sí, muchísimo. Entré directamente a trabajar en diarios. También estuve en la revista Humor y muchos medios y editoriales. Pero con ninguno tuve relación de dependencia. Siempre estuve freelance en mis trabajos. Todo mi dinero salía de lo que producía, no tenía sueldos fijos.
-Clarín, La Nación, Playboy, Vogue…
-Todos los medios. Estuve en muchas publicaciones. Creo que la revista Humor fue el lugar donde mejor estuve. Pero por el solo hecho de que el director era un dibujante. Ahí se discutía y se hablaba mucho de dibujo. Estábamos todos detrás de algo con un objetivo muy grande. Ahí crecí mucho.
-¿Y fue en ese momento cuando comenzó a desarrollar el dibujo literario?
-Sí, he hecho muchísimos libros. Y todos tienen algo especial. Igualmente haber realizado “La Metamorfosis” ilustrada, de Franz Kafka, fue algo maravilloso. Ese es un libro que se ha publicado en Corea, Italia, España, Francia, Inglaterra y otros países. Fue algo raro. Lo hice en la soledad de mi taller y me dio la posibilidad de abrir una gran puerta a otras cosas.
-¿Alguna vez soñó que iba a tener tal trascendencia como para que su obra llegara hasta Corea?
-No. Me asombro cuando me escribe alguien de Corea o de Grecia. El otro día, por ejemplo, una chica de Francia me mandó una foto de un tatuaje que se había hecho en la espalda de uno de mis dibujos. Esa especie de ida y vuelta es algo inimaginable.
-¿Cómo ha sido su rutina laboral aprovechando internet y las tecnologías de la actualidad?
-A internet lo considero una gran herramienta. No se pueden cerrar los ojos a esta realidad. Uso mucho el Facebook, la Web y mi blog. Son elementos de comunicación muy importantes. Es fantástico ponerle contenido a todo eso. Es como tener una editorial en mi casa. Hoy internet me permite ver obras de personas de distintos lugares del mundo y eso es muy bueno.
-¿Cuánto tiempo pasa hoy en Buenos Aires y cuánto en Mendoza?
-Estoy mitad del año allá y la otra mitad acá. Y en los dos lugares pasó mucho tiempo trabajando. Igualmente, siempre añoré este espacio que tengo en Mendoza.
-¿Qué va a mostrar en la exposición que va a realizar este mes en la Nave Cultural?
-Bueno, he traído mucho material. Lo que estoy preparando es una selección de vitrinas, que son como pequeñas instalaciones y van a mostrar un proceso que va desde dibujos a fotografías, cartas y objetos que de alguna manera me fueron armando. La muestra se va a llamar “Cadáver Exquisito”, que es el nombre de mi último libro. Es un conjunto yuxtapuesto de cosas diferentes.
-¿Qué es lo que más disfruta de su día a día?
-Para mí, dibujar siempre es muy importante. Contar algo. El dibujo tiene que ver con el relato. Entonces pienso en eso. En historias, en libros y en cosas que me gustaría hacer y no hice. A veces pienso que uno necesitaría dos o tres vidas para poder desarrollar todo lo que quiere.