El sector público nacional arrastra un déficit creciente en los últimos seis años, a pesar de computar transferencias cada vez mayores del sistema previsional y del Banco Central.
El sector público nacional arrastra un déficit creciente en los últimos seis años, a pesar de computar transferencias cada vez mayores del sistema previsional y del Banco Central.
Pero ese déficit financiero, que acumula (entre 2009 y 2014) 544 mil millones de pesos a valores corrientes, podría transformarse en un superávit de 89 mil millones si se hubieran eliminado los subsidios a distintos sectores económicos, principalmente al energético y al de transporte.
La eliminación de los subsidios hubiera sido en 2005 un trámite sencillo: representaban apenas 3.479 millones de pesos, apenas el 2,9 por ciento de todos los ingresos tributarios del año. Nadie lo habría percibido, si se tiene en cuenta que esa suma equivalía a menos de un peso diario en promedio para cada familia del país.
La decisión de los gobiernos de Néstor Kirchner y su sucesora Cristina Fernández fue en dirección contraria y, más allá de los intentos de “sintonía fina” de fines de 2011, los subsidios no pararon de crecer:
* En 2006 llegaron a 6.494,2 millones de pesos, un 86,7 por ciento más que el año anterior. Representaron el 4,3 por ciento del total de ingresos tributarios.
* En 2007 fueron de 15.024,1 millones, nada menos que un 131,3 por ciento superiores a los de 2006. Su participación sobre la recaudación ascendió al 7,5 por ciento.
* En 2008, con un incremento anual del 107,6 por ciento, cerraron el año con 31.191,1 millones de pesos y un 11,6 por ciento del total de ingresos tributarios.
Si bien por entonces el tema comenzaba a ser motivo de preocupación en círculos económicos, la coexistencia de los llamados “superávits gemelos” (comercial y fiscal) permitía disimular su incidencia en los números del sector público. Pero desde 2009, al compás de un déficit financiero que creció hasta decuplicarse en seis años, los subsidios se transformaron en un problema en varios planos.
En el fiscal, representaron un agujero negro que explicaba por sí solo la existencia del déficit. Sin actualizaciones, el desbalance financiero acumulado entre 2009 y 2014 (deducidas las transferencias de rentas de la propiedad) fue de 544.567,4 millones de pesos, en tanto en el mismo lapso el Estado gastó en subsidios 633.462,4 millones.
En consecuencia, una oportuna eliminación habría redundado en un superávit financiero en cada uno de esos años, sumando un saldo favorable de 88.895 millones de pesos. En el plano de la economía familiar, el Gobierno dejó crecer una bola de nieve a la que cada vez es más difícil desintegrar: si en 2005 los subsidios le representaban a cada familia menos de un peso diario, hoy son más de sesenta.
En el de la planificación empresaria, la imposibilidad de tener el manejo de las tarifas de los servicios que prestan enfrenta a las compañías con la dificultad de tener un horizonte que se mide en días.
Los últimos seis años presentan estos números:
* En 2009, el déficit financiero sin la asistencia del BCRA y la Anses fue de 22.888,3 millones de pesos, muchos menos que los 34.093,4 millones de los subsidios.
* En 2010, la brecha se incrementó: 29.098,4 millones de pesos de déficit y 52.924,5 millones de subsidios.
* En 2011, el déficit fue de 54.053,5 millones y los subsidios alcanzaron a 81.484,6 millones.
* En 2012, 84.321,9 millones y 99.876,7 millones de pesos.
* En 2013, 123.736,4 millones y 140.349,6 millones de pesos.
* El año pasado fue el único de la serie en el que el déficit fue mayor que los subsidios: 230.468,9 millones contra 224.733,6 millones de pesos.
En tiempos en los que se discute si el Gobierno pretende o no dejar una “bomba” a su sucesor, sería conveniente prestar atención a la factura que representan los subsidios, un gasto que en una década aumentó 64 veces y sigue creciendo.