10 de julio de 2014 - 00:00

Los precios bendecidos

Desde que asumió el ministro Kicillof, se cambió el concepto de precios máximos, que regía bajo la gestión de Guillermo Moreno y se pasó al de “precios administrados” o “precios de referencia”. Este programa fue bautizado como Precios Cuidados y aunque no hay valores máximos, el Estado se reserva la facultad de analizar los costos, márgenes y precios finales de venta de una cantidad de productos que, actualmente, alcanza a 320 rubros.

El programa consiguió contener el alza de algunos valores y esos datos son usados para la elaboración de los índices de precios del Indec. Esto ha producido dos hechos importantes. Por una parte, consiguió la simpatía de las personas, aunque la gente se queja, en general, de las subas de precios.

Por otra parte, ante la resistencia de las grandes corporaciones, muchas pymes vieron una oportunidad para ingresar al programa como una forma de insertarse en el mercado y en algunas cadenas de distribución. Después de todo, tener el cartelito de “precios cuidados” asegura publicidad gratuita en el punto de venta y cierto crédito de credibilidad.

Los defensores del programa aseguran que este programa lo que ha conseguido es dar certidumbre en los precios, evitando una confusión producida por la dispersión generada por la competencia.

En realidad, la dispersión y la variación de los precios es propio de un sistema competitivo. Ninguna empresa tiene la misma estructura de costos que sus competidores, ninguno tiene la misma escala ni la misma estrategia de mercado. Tampoco las pequeñas empresas tienen la escala ni los costos de las empresas grandes.

La ambición de tener claridad y equilibrio es sólo una pretensión intervencionista de quienes abominan de la libertad. El problema es que este tipo de conceptos se ha transformado en un problema cultural. Los argentinos prefieren que el Estado les fije un precio referencial antes de tener que salir a pelear. Por esta razón es que los Precios Cuidados tienen simpatía aunque nadie se fije en que hay productos con valores más económicos que los fijados en Precios Cuidados.

Analizando fríamente el funcionamiento del sistema vemos que los precios no están cuidados sino bendecidos. Es decir, nadie puede garantizar que son los mejores precios del mercado sino que, al estar bendecidos por el Gobierno, gozan de cierta sacralidad ante el concepto de los consumidores.

Este sistema de fijación de precios se basa en tomar los costos de los productores marginales o de mayores costos y sobre esto establecer valores diferenciales. Pero en este proceso, los que más ganan son las grandes empresas, ya que el Estado les garantiza mercado, rentabilidad y les evita la molesta competencia, por lo que casi no tienen que hacer publicidad.

El sistema de precios cuidados no es más que un sistema de precios bendecidos para engañar a los consumidores y favorecer a las grandes compañías. El secreto es que no haya competencia, que es lo que más molesta a las empresas.

Por Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes

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