Sabemos que supuestamente no debe haber matemáticas pero, invierno o verano, cuando se realizan actividades al aire libre, hay mayor riesgo de sufrir picaduras de insectos. Pero para empezar, ¿por qué nos pican los insectos?
Sabemos que supuestamente no debe haber matemáticas pero, invierno o verano, cuando se realizan actividades al aire libre, hay mayor riesgo de sufrir picaduras de insectos. Pero para empezar, ¿por qué nos pican los insectos?
Haga caso a la advertencia
Las picaduras son la defensa de los insectos cuando se sienten amenazados, dice el biólogo Justin Schmidt, y vaya si debe saberlo. En su nuevo libro “The Sting of the Wild”, da buen uso a las más o menos mil picaduras que ha soportado al recolectar o estudiar insectos. No solo explica su Índice de Dolor de Picaduras Schmidt, donde califica el dolor de numerosas picaduras en escala de 1 a 4, sino que también relata la fascinante historia natural de estos animales.
Las avispas de barro, por ejemplo, tienen una baja calificación de 1 en la escala, como “queso con jalapeño cuando esperamos Havarti”, señala Schmidt, mientras que el capítulo sobre la avispa guerrera (con calificación de 4) abre con la palabra “tortura”.
Los insectos típicamente intentan no picar, acto que podría costarles “una pierna o una antena o un pedazo de ala”, si el blanco se resiste, apunta Schmidt. Por esto, intentan darnos una pista con colores de advertencia, como antenas rojas brillantes aterciopeladas (que de hecho pertenecen a una avispa) o con batidas fuertes de alas, como la ruidosa avispa mata cigarras.
Los insectos machos no tienen aguijones, pero lo fingen, “encorvando el abdomen y arremetiéndolo contra las personas”, haciendo que éstas los suelten y de esta forma viven otro día”, explica Schmidt.
¿Por qué sólo pican las hembras?
Los aguijones evolucionaron a partir de los ovopositores, los conductos por donde ponen los huevos y que, por supuesto, solo se encuentran en las hembras. El aguijón y los ovopositores actualmente están separados en todos los insectos, con excepción de las avispas parasitoides, que a menudo inyectan sus huevos en un huésped con apenas un toque de veneno paralizante (es más fácil que los bebés se coman a un huésped inmóvil).
Las avispas caza tarántulas tienen aguijones grandes porque escogen tarántulas en las que ponen sus huevos, que eclosionan y se comen a sus peludos huéspedes. Calificando a estas avispas con un 4 en la escala de dolor, Schmidt aconseja que si una le pica, “acuéstese y grite”, dado que es probable que se cause aún más daño mientras se tambalea en medio de un estado descontrolado de agonía total.
¿Por qué no pican todos los insectos?
Los insectos sin aguijón, como las mariposas y las polillas, ponen sus huevos sobre la superficie de las plantas en lugar de inyectarlos. "No necesitan un ovopositor, por lo que no han evolucionado aguijones", dice Katy Prudic, una entomóloga de la Universidad de Arizona.
Prudic advierte que algunas orugas tienen un puñado.
“No toquen una oruga que se ve como el pelo de Donald Trump”, señala. “Les va a picar”. Esta especie, llamada oruga de polilla de franela, tiene espinas huecas por donde secreta veneno y es una de las orugas más venenosas de los Estados Unidos.
Cómo evitar que lo piquen
Mantenerse muy alejado de los insectos que pican es la mejor forma de evitar ataques, dice Schmidt, pero hay un truco adicional para evitar las picaduras de abejas: contener la respiración.
Nuestra respiración húmeda y cargada de químicos dice “depredador” a las abejas, y Schmidt aconseja moverse lentamente y contener la respiración para pasar desapercibido. Evidencia anecdótica: probé esta técnica mientras pasaba frente a tritomas de Utah llenas de abejas y no me picaron.
Excelente consejo, ¿pero me mantendría lo suficientemente tranquilo para probarlo cerca de todo un enjambre?
No lo apostaría.