16 de febrero de 2020 - 00:00

Los cuatro jinetes - Por Jorge Sosa

Están los famosos del apocalipsis, que mencionan las escrituras. Pero también están los que son bien mendocinos que causan temor.

Todos los iniciados en la religión -más o menos creyentes, menos o más practicantes- habrán oído alguna vez hablar de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.

Estos aparecen en un escrito que pertenece al Nuevo Testamento y que se atribuye al apóstol Juan, aunque hay algunas dudas al respecto.

En una parte de ese escrito de todos modos premonitorio, aparecen los famosos cabalgantes del fin del mundo.

Se trata de tipos realmente malos que prometen destrucción, muerte, plagas, y otras dañineces más. Alberto Durero los dibujó alguna vez, causando impresión.

Según los intérpretes de las sagradas escrituras los famosos jinetes están montados sobre cuatro caballos que los identifican: el caballo rojo representa a la guerra, el caballo negro representa al hambre, el verde o amarillento representa a la enfermedad y el blanco para algunos es la representación de la muerte. Ninguno está para elegir, ¿no? Mejor dejarlos pasar.

Si uno se detiene a observar el simbolismo de los jinetes, deberemos aceptar que desde que se escribió el Nuevo Testamento hasta la actualidad la cosa no ha cambiado mucho, porque (si sacamos a la muerte, que se mantiene invicta en el campo profesional) la guerra, el hambre y las enfermedades siguen teniendo tanta vigencia como la tenían por entonces.

Ahí están como presagios malignos, como símbolos agoreros de lo que nos ha ocurrido y de lo que puede volver a ocurrirnos.

Durante la historia, cada uno de los jinetes se ha hecho presente en diversos hechos que marcaron para siempre la historia de la humanidad.

Será por eso que me puse a pensar en que Mendoza, nuestra provincia, también tiene a sus cuatro jinetes del Apocalipsis, a unos que causan estragos, temor e inseguridad, ni bien se manifiestan. Digamos que son cuatro jinetes del Apocalipsis regionales, que se suman sin problemas a aquellos de fama mundial.

Los cuatro jinetes menducos son: el granizo, la helada, el zonda y los temblores. Cualquiera de ellos que aparezca causan estragos, producen daño, y por eso se les teme.

Son imposibles de evitar, de sacárselos de encima, están y seguirán estando. Son incontenibles y cuando se producen uno se da cuenta de lo endeble que somos frente a estas contingencias de la naturaleza.

Los temblores nos acechan y aunque no se produzcan están en nuestro inconsciente, uno lleva adentro con permanencia el temor de que ocurran. Sabemos de los desastres que procura el zonda cuando se decide a atacar con todas sus ganas. El granizo y la helada son una continua preocupación para la gente del campo porque en minutos puede arruinarse el esfuerzo de todo un año.

No dice el libro del Apocalipsis cómo el hombre puede contrarrestar la acción de los caballeros del mal, tal vez porque supone, que esa lucha, que esa acción, es la que le corresponde a la humanidad entera en su proceso de evolución.

Por lo tanto tampoco sabemos los mendocinos cómo contrarrestar la cosa, porque tanto los tachos de fuego para la helada, como los aviones de la lucha antigranizo, o los simulacros de sismo, aparecen como paliativos, parches, para amortiguar la furia, pero no son soluciones.

Sí, Mendoza tiene también sus cuatro jinetes del Apocalipsis. Me pregunta un amigo cuál es el color del caballo de los políticos. Che, no sean tan insidiosos, por favor...

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