20 de mayo de 2015 - 17:00

Los cortos que representan a la Argentina en Cannes

El Festival marca una nueva oleada de cineastas argentinos jóvenes: Sebastián Morgenfeld, Sebastián Schjaer, Mateo Bendesky e Iair Said.

Transcurrido gran parte del Festival, el inicio de la competencia de cortometrajes marca la llegada de una nueva oleada de cineastas argentinos jóvenes a Cannes, que este año vienen a presentar sus trabajos en La Quincena de los Realizadores, el concurso de Cinéfoundation y la Competencia Oficial.

El jueves 21 se conocerá el trabajo que hicieron en dupla Sebastián Morgenfeld y Sebastián Schjaer en "El pasado roto" que se verá en La Quincena.

El mismo día pero en Cinéfoundation -una competencia oficial donde participan cortometrajes producidos por escuelas de cine de todo el mundo- se estrena "El ser magnético" de Mateo Bendesky.

El sábado 23 para la competencia por la Palma de Oro, en la que Argentina estará representada por Iair Said con "Presente imperfecto".

Llegados a Cannes hace unos días, Said (27) años, actor y realizador, y Bendesky (25), egresado y docente de la FUC (Fundación Universidad del Cine), charlaron con Télam en un concurrido café de Cannes sobre las sensaciones de estar participando en el festival en sus dos competencias más importantes para el cine de corta duración.

Aunque los trabajos que traen a Cannes son distintos, los dos proponen un cine que tiene una respiración similar, en el sentido de que ambos escapan a los grandes relatos y la metáfora y prefieren refugiarse en seres en un punto extraños o extrañados y describirlos con un humor seco y cercano, donde el absurdo puede tocarle de a ratos el alma a la tragedia.

"Mi corto propone un tipo de humor con el que me siento totalmente representado, todo lo que hay de absurdo en la película no estaba preestablecido sino que fue el resultado de seguir una propuesta donde me interesaba que estuviera presente la ambigüedad", cuenta Sair sobre "Presente imperfecto", una película protagonizada por él, al igual que "9 vacunas", su debut en el cine, que ganó la competencia de cortometrajes del Bafici en 2013.

"Lo que me interesa - agrega- son situaciones donde sucede algo que es al mismo tiempo trágico y cómico, me gusta ver la carga del personaje atravesando su vida bajo estas sensaciones que ni siquiera él mismo logra develar, un tipo que se relaciona y obsesiona con incidentes muy pequeños y hace girar todo alrededor de eso produciendo un extrañamiento generalizado; ese tono me encanta".

"Se llama 'Presente imperfecto' -concluye- porque algo no funciona en la situación de este personaje, es evidente que está atravesando una crisis aunque en la película no se diga, que aún rodeado de amigos está solo; está donde no debería estar e insiste con la idea de correr todo el tiempo de eje la cotidianeidad y la realidad".

Por su parte, refiriéndose al filme que trae a Cannes, Mateo Bendesky señala: "Me pasa que incluso cuando quiero escribir algo dramático no puedo evitar que termine teniendo un tono cómico, quizás porque lo que me interesa retratar es la pequeña, dulce y terrible tragedia cotidiana bajo la cual vivimos".

"Me gustan los personajes relegados de los mandatos sociales, que no van con la normativa; me parece que con ellos se puede explorar esta cosa trágica y cómica al mismo tiempo, a la que no le falta cierta oscuridad y donde el espectador no sabe si reírse o llorar por lo que está viendo", consigna.

"No creo -resume- ni en las grandes explosiones de sentido ni en las revelaciones sino en el pequeño destello, en el gesto mínimo".

De ese material está hecho "El ser magnético", una película que con rigurosidad se mete en la vida de dos hermanos que viven en una situación casi monacal y que llevan adelante una minúscula congregación religiosa basada en las ideas del mesmerismo mixturadas con el new age.

A través de pequeñas intervenciones en Youtube y gracias a la venta de un libro doctrinario -aparentemente escrito por el padre- de las verdades de la secta que solicita un pequeño grupo de adeptos, los hermanos logran sostener el culto y compartir una casa bajo el yugo del ascetismo y la disciplina del cuerpo y la mente, donde el menor de ellos se permite una mínima transgresión, que quizás sea otro tipo de iluminación.

En cambio, en "Presente imperfecto" un joven cumple años y queda obsesionado con uno de los regalos que recibe, una pollera.
Este hecho comienza a ocupar el centro de su pensamiento a desorganizar su vida y al tiempo que intenta desanudar el misterio de quién y por qué le regalaron una pollera va armando en su movimiento un mundo nuevo, casi absurdo.

Con interiores de pronto atiborrados y exteriores desiertos, una ciudad desconocida y enrarecida, el protagonista del filme (el mismo Sair) es esclavo de sus obsesiones y neurosis y así va trazando su camino.

Es un cortometraje que Sair produjo con 15.000 pesos luego del primero que hizo con 1.500, ambos nacidos de las ganas de contar historias y también de actuar.

"Yo empecé a filmar cortos para actuar -cuenta-, venía de Cannes (donde había acompañado la presentación de "Soy tan feliz", corto de Vladimir Durán que protagonizó), había filmado una película en Venezuela y estaba desde hacía cuatro meses sin trabajo, tuve una idea, una amiga me propuso producirla y así hice mi primer corto para contar una historia pero también como carta de presentación mía como actor".

Bendesky dice que "El ser magnético" surgió en cambio en un impasse, entre su primer largometraje ("Acá adentro", 2013) y el armado de las condiciones para llegar al segundo.

"Se dio así, en un momento en que estaban madurando las condiciones artísticas y financieras para mi segundo largo, incursionar en el corto me resultó atractivo por las facilidades en tiempos de rodaje y de estructura que necesitás para contar una historia. El cortometraje te permite experimentar en lo que se ve en pantalla y también detrás de cámara, en cómo uno piensa la producción y el rodaje", desliza.

"Tenía la idea de dos hermanos que vivieran juntos en una casa bajo una cierta lógica extraña, que no fueran ermitaños pero mantuvieran cierta distancia del mundo y así -repasa- surgió la idea de este culto mezcla una doctrina vieja y olvidada con algo de revista Para Ti y tradición judeocristiana".

Sobre estar en Cannes con sus trabajos, los dos afirman que es "increíble" y al mismo tiempo señalan la importancia del festival como plataforma de lanzamiento del trabajo a nivel mundial.

"Es increíble pero desde que se anunció que el corto participaba en la Competencia Oficial me empezaron a llegar invitaciones de distintos festivales del mundo aún sin haber visto la película", informa Sair.

Y al mismo tiempo agrega, también es una suerte y una desgracia "porque cuando saben que estás en Cannes empiezan a juzgar la película a ver si tiene 'nivel Cannes', y la vara se pone muy alta, al mismo tiempo que es una tontería porque estar acá no hace mejor o peor una película".

"Lo que ves en Cannes y quizás no se termina de apreciar en Argentina -reflexiona Bendesky- es que hay todo un mundo que gira alrededor del cortometraje, hay festivales, hay canales de televisión, hay gente que está dispuesta a comprar y que el corto tiene un mercado de distribución y exhibición, al menos a nivel mundial".

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