24 de agosto de 2014 - 00:00

Los chicos vienen así

En esta columna exclusiva para nuestro diario, el reconocido consultor educativo nos indica que la educación de los chicos comienza en la familia mediante la instalación de pautas de conducta. ¿Pero qué ocurre cuando los padres desertan de su responsabili

Era la Feria del Libro, mientras presentaba un libro sobre los chicos, sus preguntas y nuestras explicaciones. De repente, una madre me dijo: 
Es que los chicos "vienen así", discutidores, todo lo pelean.

No te entiendo -le dije-, ¿cómo sería que vienen discutidores?

Discutidores, por ejemplo, yo tengo una hija de 14 años, va a ir a un baile y me dice que va a volver a las 3 de la mañana. Yo le digo que tiene que volver a la una, ella me dice que todos vuelven a las 3, que va a ser la única, que por qué le hago eso.

¿Y vos qué hacés?

Y…. negocio y arreglo a las dos.

¿Y ella?

Cuándo viene el padre, lo mima, lo charla, lo besa y arregla a las 2 y media. Y finalmente, viene a las 3.

Me quedé pensando en el tema de que los chicos “vienen así”, reflexionaba sobre qué es lo que ella estaba pensando, ¿qué es lo que me quería decir?

Yo le explicaba que si ella, cada vez que discutía una norma con su hija, hacía lo que me estaba contando, le había explicado que así funcionaban las normas.

Ella planteaba un punto, y allí comenzaba una negociación con ella misma, con el papá, con la abuela, el abuelo y al final arribaban a otro punto. No es que su hija “venía así”, eso lo había adquirido, lo había aprendido de ella, cada vez que ella planteaba una pauta.

El proceso empezaba con una negociación hasta llegar a otro punto, que era el que “más o menos” había que cumplir: la pauta.

Es decir, ella le había explicado a su hija que la norma es una cosa que los adultos fijan, que se negocia, y finalmente se establece un punto. Y lo que la hija no entiende, en su lectura, es que aplica lo aprendido a distintas situaciones.

La pregunta entonces sería, ¿los chicos “vienen así” o los padres les enseñaron a discutir las pautas? Si ella hubiera planteado la primera vez “la una es la una, tenés que volver a esa hora; cuando yo vea que volvés a la hora que fijamos y sos responsable, te voy a dejar volver más tarde”, instalaba otra pauta. Su hija hubiera entendido que la norma es eso que ella le dice, y también le fija un objetivo vinculado a la misma.

Los chicos no vienen así, somos nosotros los que les explicamos cómo funciona el mundo, y en tal sentido, debemos pensar muy bien cuándo negociamos las pautas, cuándo no, y cómo funcionan los reconocimiento y las sanciones.

Cuando unos padres se enojan y le dicen a un chico: “No podés usar la computadora hasta el viernes”, y el martes dejan sin efecto la pena porque les dio lástima, es imposible entender esa pauta: ¿es hasta el viernes o hasta el martes? ¿Fue un capricho o tenía alguna lógica? Y sin la posibilidad de ver y entender las pautas, el mundo es más confuso, es difícil ordenarse y construir la propia conducta. La idea es que todo se conversa, que se mueve el límite, la frontera, y allí es muy difícil operar.

Estamos ante un desafío, enseñarles a los chicos a vivir con pautas implica asumirlas, entender que suman y ayudan, que ordenan, que plantean modos de aprender a vivir juntos.

Y a la vez, entender que a los chicos también les sirven, les hacen más previsible el mundo, los ayudan a entender los modos en que la sociedad ha decidido vivir.

Las pautas definen un orden, que puede cumplir o transgredir, y eso trae consecuencias. Pero es un orden, una idea de cómo funciona la sociedad.

¿Son duras de aprender? ¿Es difícil acostumbrarse a vivir con pautas? Algunas pueden serlo, puede ser difícil acostumbrarse a cumplirlas, pero no cumplirlas es más complejo; hablar y negociar cada una hace difícil vivir juntos, no es fácil, es una tensión constante. Y el gran desafío es enseñarles a los chicos las normas, para cumplirlas y para transgredirlas, pero para que tengan claro que las mismas existen, que son una parte del orden social que vivimos, el que nos permite vivir juntos.

El desafío es plantearles las reglas y pautas de la sociedad, explicárselas si podemos, que las entiendan, que se vayan acostumbrando, que puedan adaptarse a vivir con otros.

¿Nuestros padres cómo hacían? Igual que nosotros, solo que era más fácil hacerlo en una sociedad en que el consenso era que las normas estaban para cumplirse.

¿Se discuten? Se pueden discutir, no todo el tiempo, primero se cumplen y fijaremos un tiempo de discusión, un tiempo de revisarlas. Puedo debatir si está bien que no deje tomar a mi hijo, pero no todo el tiempo, hasta un nuevo acuerdo la norma existe, y se cumple o se transgrede.

Parece complejo, y lo es. Se hace más simple si lo hacemos juntos, pero sin que cada uno pierda su responsabilidad, sin perder de vista que transmitirles a los chicos un mundo previsible los ayuda, les dice qué harán los demás, qué puede hacer él o ella, lo que ocurrirá.

Los ayuda a aprender a vivir juntos, con nosotros y con la sociedad en general.

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