5 de octubre de 2014 - 00:00

Lo que el Estado Islámico podría enseñar a Occidente

A medida que combatimos al grupo Estado Islámico y otros extremistas, hay algo que el presidente Barack Obama y todos nosotros podemos aprender de ellos. Esto porque, en cierta forma, los terroristas están peleando más astutamente que nosotros.

Estos extremistas usan armas para librar sus batallas a corto plazo pero, para mantener el territorio a largo plazo, combaten igualmente la educación occidental y el denominado empoderamiento de la mujer.

Ellos saben que el analfabetismo, la ignorancia y la opresión de las mujeres crean la caja de Petri en el cual puede florecer el extremismo.

Es por eso que Estado Islámico secuestró a Samira Salih al-Nuaimi, valiente mujer iraquí y abogada por los derechos humanos en Mosul, la torturó y la ejecutó en público la semana pasada.

Es por ello que el talibán baleó a Malala Yousafzi, en esa época de 15 años de edad, después de que hiciera campaña por la educación de las niñas. Y es por esa razón que el grupo Boko Haram secuestró a cientos de alumnas en el norte de Nigeria y anunció que las convertiría en esclavas.

En cada caso, los extremistas reconocieron una verdad elemental: Su mayor amenaza estratégica viene no de un dron, sino de una niña con un libro. De la misma forma, necesitamos reconocer esa verdad y actuar al respecto.

Por razones similares, los financiadores del extremismo han invertido profusamente en adoctrinamiento fundamentalista. Han construido madrazas wahabitas en países pobres de población musulmana como Paquistán, Níger y Malí, ofreciendo comidas sin costo alguno, así como becas para los mejores alumnos para que estudien en el Golfo Pérsico.

¿Acaso no deberíamos intentar competir?

¿Acaso no deberíamos usar armas a corto plazo, pero tratar de ganar una ventaja estratégica concentrándonos en educación y en darle poder a la mujer para formar sociedades estables, las cuales sean menos vulnerables a la manipulación extremista?

Los ataques aéreos de Estados Unidos han desacelerado el progreso de Estado Islámico y evitado un genocidio en contra de la población yazidí en Irak, pero es sumamente difícil ganar una guerra desde el aire. Es por eso que el talibán sigue prosperando en Afganistán después de 13 años de ataques estadounidenses por aire.

Para mala fortuna, no estamos jugando al largo plazo, como los extremistas. Estamos dependiendo excesivamente de la caja de herramientas militares y muy poco de la caja de herramientas educativas, de la caja de herramientas del empoderamiento de la mujer, así como la de las comunicaciones. Somos tácticos; ay, los extremistas pudieran ser mejores estrategas.

No es una cuestión de recursos, porque las bombas son más caras que los libros. La campaña militar de EEUU en contra del Estado Islámico costará, cuanto menos, 24.000 millones de dólares al año y quizá muchas veces esa suma, según un estimado del Centro de Evaluaciones Estratégicas y Presupuestarias de Washington.

Marcando un contraste, todo parece indicar que Obama abandonó su promesa de campaña de 2008, relativa a la creación un fondo mundial de 2.000 millones de dólares para educación. Además, Estados Unidos le da a la Sociedad Global por la Educación, importante esfuerzo multilateral, menos en un año de lo que gastamos semanalmente en Siria e Irak.

Esta es un área en la que el Congreso parece más visionario que el presidente porque el Congreso estadounidense asigna con regularidad sustancialmente más para educación básica en el extranjero de lo que Obama solicita. Una legislación bipartidista, la ley de educación para todos, elevaría el tema; esperemos que Obama se sume a esto.

Nadie es tan ingenuo para creer que la educación es una panacea. Dirigentes de Al Qaeda, incluido Osama bin Laden y Ayman al-Zawahiri, tuvieron educación universitaria. Irak, Siria y Líbano estaban bien educados razonablemente y apoyaban la igualdad de géneros en comparación con los estándares regionales, pero todos han sido desgarrados por guerras civiles.

De cualquier forma, el registro histórico del último medio siglo es que la educación tiende a fomentar una clase media más cosmopolita y le da a la gente una participación en el sistema. En Hong Kong hoy día estamos viendo cuánta educación demuestra la juventud frecuentemente. Están exigiendo democracia, pero pacíficamente.

Todo parece indicar que la educación de las niñas tiene un mayor efecto que la educación de los niños, en parte debido a que las mujeres educadas tienen menos hijos marcadamente. El resultado es menores tasas de natalidad y una protuberancia menor de jóvenes en la población, lo cual se correlaciona en buena medida con el conflicto civil.

Yo apoyo juiciosos ataques a corto plazo en contra del Estado Islámico, pero eso solo debería formar parte de una política de combate al extremismo. Aunado a esto, un punto de partida debería ser garantizar que los tres millones de refugiados sirios mayormente en Turquía, Jordania y Líbano -en particular niñas- puedan recibir una educación.

Justo en estos momentos, muchas no están recibiendo ninguna, en tanto un estudio publicado el mes pasado arrojó que Siria tenía el peor retroceso en aprovechamiento educativo en la historia reciente, con tasas de matriculación para niños sirios en Líbano equivalentes a menos de la mitad del nivel de aquéllos en el África Subsahariana.

Pese a lo anterior, la petición de Unicef para recibir fondos para sirios tenía apenas 40 por ciento del financiamiento hasta mediados de agosto. Si dejamos pasar esta oportunidad, esos niños serán yesca para guerras y extremismo en el futuro, y nosotros estaremos atascados arrojando bombas durante las próximas generaciones.

Así que, aprendamos de los extremistas. y de las valientes niñas que están dispuestas a arriesgar sus vidas a fin de recibir una educación. Todas ellas entienden el poder de la educación, y nosotros también deberíamos hacerlo.

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